4.9.11

Osmosis

Hoy les dejo una entrada distinta, interior. Y una música  al final de la entrada que espero lean y escuchen a la vez.

“Si algo me dolió…, fue que borraras mis caricias de tu pelo naranja.…
recuerdo que en una época tu pelo fue azul, y parecías de juguete...
Y a mí me gustaba jugar a vestirte y desvestirte, y mordisquearte… Al borrar mis caricias de tu pelo naranja,
fue como si borrases el tacto de tu pelo naranja de la aureola de mis dedos. Y ahora sólo son dedos vacíos,
como agujeros negros que han engullido tu tacto, y ya no lo recuerdan. Mis dedos hacen memoria en otros cabellos,
en otras pieles… algo me dice que no tienen aquella caída tan especial de las tuyas…”
Vera Eikon



A Luna, mi hija








No eran los blues que escuchábamos palmotear en el cuarto de Hoboken al amanecer ni los cantitos de los negros al subir al subway. Era la corriente fría que dejaba el invierno metiéndose entre los huesos. Poco a poco resbalándose armoniosamente entre nuestras partes, reduciéndonos a uno. Y en un ovillo latía el desarraigo, la lejanía y la crudeza del invierno.

Obsesivamente arreglaba cada pedazo del lugar y fútilmente revisaba cada pedazo de noche de tu cuerpo, que quedaba entre tus sábanas rojas ya ajadas por una vieja lavadora que giraba durante doce horas intermitentes. Al amanecer revisábamos libros de poemas y viejas películas japonesas que descubrían parte de nuestros antojos más oscuros y reíamos tratando de descubrir quién era el asesino.

El insomnio partía la noche y mi mente creaba historias con espacios de tiempo mientras escuchabas un blues tomando una cerveza. Las migajas del cuerpo se partían entre tus dedos, pero sometidas al antojo se cubrían de aromas entre las sombras espalda con espalda en una breve cama que soportaba la noche. Mientras la luz atada a la esquina se caía intempestivamente a cada momento.

La nieve tocaba nuestros oídos muy tarde entre la bruma y nuestra soledad partida entre sueños. Y juntos empujábamos un carrito para hacer las compras. Recuerdo el día de la inundación que tuvimos que girar para dar la vuelta y acabamos tomando un tren de vuelta sin retorno. Las huellas han quedado disueltas en el aire al llegar el verano y se enfrían ahora por la lejanía. Y las cartas vienen y van esperanzadas pero partidas, casi vacías. Amabas la ondulación de mi cabello y mi canto en tu oído. Sin embargo, fluctuaste el sistema planetario, interrumpiendo la cadencia extraordinaria del sonido que siempre nos acompañaba. Ahora está vacío el aire y los blues ya no golpean nuestras ventanas.

Tus manos tienen memoria, las mismas que ondularon las formas abultadas de mis pechos y desarmaron el engranaje que fusionaba nuestros espíritus. Luna brotó asombrosa ante mis ojos, palpitando en mi cuerpo, cantando los blues de nuestra locura. Nació frente al escarnio y la soledad. Su cuerpo tenía memoria, se movía al compás del blues de tu espíritu junto a mi locura.

Ahora giro y doy la vuelta, al revés. Leo tus cartas de enero dónde pedías que no te olvide porque un gran desasosiego inundaba tu vida. Ahora que sigo girando veo sólo humo que vuela y quema las paredes. Ahora sólo quedan dedos vacíos como agujeros negros que revientan en nuestros cuerpos.  Y la luna mirándonos destaja nuestra memoria pedazo a pedazo.

Estoy cansada de buscar a Luna entre mi cuerpo y recordar que no está. Sólo queda los blues de esas noches de Hoboken arrastrándose entre nuestros sueños, tan únicos. Donde Luna espera que algún día regresemos a recorrer como el último día que recogí tus últimas cosas. Ella estaba mirándome y creo que sonreía.






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29.5.11

La sombra de los dones

Recuerdo la balanza que alzó ante las sombras y tiró el peso en lo inevitable. Que distanció el enigma y rescató la fuerza del espíritu. Oyó un grito dentro suyo y estalló en mil pedazos. Desató el infierno y como fiera luchó para recobrar su alma del dolor, del artificio creado en la incógnita del silencio.
 Llamó muchas veces para exacerbar su cuerpo, desarmar su delirio; tiró a sus oídos la piedra engendrada en el engaño. Frente a la ventana noche a noche arrugó su cuerpo plegando su ira entre lágrimas. Supo que sus dedos aflojaron el nudo impertérrito del estigma. Y que nada era verdad y balanceó el dolo con mesura inclinado entre promesas, afrentas y desilusión. Inclinada ante el refugio de la esperanza explicó dilemas posibles que atestiguaran la verdad, pero tártaro el centro la llevó a lo umbroso. Estalló un cuerpo dentro suyo, pidiéndole salir.  Pero la fatiga era tortuosa y la piel no resistía la cadencia de otro cuerpo. Lo perdió.
Hasta donde la balanza se refugia entre las sombras, y reclama sus espíritus perdidos. La cobija del canto que ya no clama, el escarnio de los seres que se divierten. Estaba sola, en una camilla de hospital frente a una ventana lluviosa, llena de voces a su alrededor,  la balanza se torcía a un lado rigurosamente. Ella pidió verla y callada tomó su piel y salió hacia la calle, subió al tren. Las calles daban vueltas a su alrededor, y llamó por teléfono. Una voz bramó al otro lado del auricular. Caminó un par de cuadras y observó el lugar, la báscula se inclinó al lado opuesto.  Y lo comprendió todo.

Después de dar vueltas, vio sangre entre sus piernas. Se duchó y se sentó frente a la pared.  Al amanecer salió vestida de cenizas entre las piedras, quería tener la seguridad de estar en el lugar donde otros respiran. Bajó al subterráneo, miró el tren. El peso osciló hacia el término,  ella por fin pudo volar.




(Recién pongo este video, pero me gusta la música y fue con ella que escribí esta historia)

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22.5.11

Revelación

Le susurraste que se quede quieta junto al micro que se dejara llevar, que sintiera cada promesa hebra tras hebra en sus oídos. Alargaste la lengua para cerciorarte de que temblara al crepitar de cada murmullo. Ondulaste con dulzura la insidia a dulceperla3. Sabías que cada noche te esperaba, eras el montonero que la sacaría de su indigencia. La palabra mágica chiko_10  y la máquina gesticulaba por ti, aderezando el paraíso, la complicidad en su más tierna intimidad. La ansiaste en cada intervalo, a través de miles de fotografías que descargabas cada noche. Sus líneas eran la respuesta de muchas noches insomnes donde te sentiste derrotado, solo, un chico más de la escuela, que a nadie importa. Pero ella te esperaba, todas las noches.

Ahora por fin es el día. La verás. Sentirás el calor necesario para llenarte de sus aromas, tu deseo esperanzado en su cuerpo de fantasía. Te paras frente a la puerta y tocas el timbre y sale un viejo y te dice que esperes en la salita. Pasan como 10 minutos y el hombre vuelve a salir y te alcanza una bebida con unos panecillos calientes. Tú sonríes y tomas el refresco, sientes un calor interno, estás fascinado con los cuadros barrocos del salón.
De repente todo gira a tu alrededor, notas que a duras penas puedes mantenerte en pie. Casi a rastras llegas a la puerta y abres. Allí está imponente sonriéndote, tocándote como lo habías pensado, impávido tratas de comprender. Te sonríe y te abraza con su cuerpo flácido arrastrado por los años de impudicia. Tratas de escurrirte pero sientes el vaho de su piel que no te suelta, levantas la mirada y sabes que no saldrás jamás.



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2.4.11

Inocencia interrumpida

 
A veces la noche cubre lo más terrible del ser humano pero no la ignominia. Podríamos  sentarnos a cavilar sobre las diversas variedades de seres que circundan las calles y respiran el oxígeno de nuestro planeta.
Eran las once de la noche, se escuchaba a los lejos el ruido de algunas conversaciones y el traqueteo de los carros que corrían a velocidad por la avenida Aviación. Tratando de cortar camino, me hallé perdida entre ciertas callecitas que circundaban de forma paralela a la construcción del Metro. Lima no es una ciudad donde uno pueda perderse fácilmente pero a veces tiene ese aire huraño medio obstinado y muchos creen que tiene ojos las esquinas. Al llegar a la dirección predestinada, sólo atiné a tocar la puerta.
Los niños son los seres más indefensos de este mundo y por ende deben ser protegidos, sin embargo, existen oscuros halcones alados que se los llevan volando a sitios perdidos para convertirlos en parte de su convite o desaparecerlos. No es fácil investigar casos sobre niños y ver de cerca el terror de sus ojos o una ironía en su sonrisa porque fueron traicionados. RC fue hallado después de cinco días, medio desnudo, con los ojos perdidos sin nada que decir. Que le podía preguntar sobre el origen del viento en esa tarde  o si las esquinas fueron testigos de su ultraje.
A través de la ventana del taxi, podía escuchar la lluvia dando leves golpecitos en mi cara sin tocarla, mientras revisaba mi libreta y unía cabos. Tres casos  muy seguidos últimamente que llevan el mismo patrón,  urgir en un universo abyecto donde sólo existe la malicia.  Cuando estuve frente a RC le pregunté si le gustaban los dinosaurios y me comenzó a explicar sobre cada uno de ellos y así lo escuché durante media hora hasta que se fue a dormir. Cuando llegué para dar mi informe sobre el tema, se molestaron conmigo por no haber sacado los datos necesarios para ese reporte.
Ahora que miro mis teclas y escribo esta historia,  me hace recordar a otra niña  - que pasó lo mismo - en Nueva York,  a la cual llamaré Brunella.  La recuerdo furtiva debajo de la mesa, acurrucada en una esquina preguntándose por qué le pasó aquello.  Mientras su madre discutía con la policía, mientras entre las sombras todo es tan claro. Todos la llamaban y  al encontrarla era tan pequeña, me metí junto con ella debajo de la mesa y le leí un cuento de Hans Wilhelm  I´ll always love you.  Porque uno debe escucharlos en su silencio para cuando estén listos para llorar.

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5.3.11

Mascarada

He vuelto a caminar por Lima después de muchos años y enfrentarte a sus calles, cargadas de viento y humedad. Al voltear la vi, ella estaba sentada vendiendo velitas y llevaba una máscara que le cubría gran parte del rostro. Cuando me acerqué a verla, inmediatamente me susurró que la máscara era falsa y que al otro lado estaba pérdida la verdadera. Pude inquirir que la máscara tenía voluntad propia y  que la persona que la portaba era sólo un simulacro de alguien que simplemente lo usaba. Después levantó una velita y a modo de confesión me dijo esta es para usted y esta otra para sus sueños. Cuando quise pagarle insistió que eran mías y no quiso recibir dinero alguno.  Ya era tarde así que las tomé y seguí caminando.  ¿Hasta qué punto  la realidad es una falacia y la máscara es el rostro y lo que hay debajo es sólo un soporte de ella?
En este mes he encontrado variedad de sueños algunos ascéticos y otros viciosos. Comprendo que no es fácil cambiar de espacios como una historia y hacer un rompecabezas de ella y dejar que las piezas se pierdan por debajo de la mesa. Todos sabemos que cuando se pierde una parte, el juego deja de ser divertido y el encontrarla se vuelve un reto o simplemente se deja a un lado. Los desafíos diarios que tenemos que asumir  para llegar a ser virtuosos o exterminados. En estos días se me ha dado por entrar a librerías y revisar con sigilo las estanterías y verificar que los tristes libros de autoayuda salen como pan caliente. Me lleva a recordar las palabras de la vendedora, necesitamos un reflote de pensamiento para crear falacias o son la máscaras de palabras  que se convierten en soportes de muchos de nosotros.
No negaré que eso es diario en las calles, la búsqueda de autenticidad. Hay personas que necesitan crear una falacia e incluso la viven y se acreditan de ella. Y cada vez que se van crean otra falacia y otra y otra porque les es difícil ver la imagen que reflejan. Puedo tomar un sentencia popular pueden engañar a los demás pero no a sí mismos.  Muchos de nosotros hemos sentido el fresco del viento en nuestras caras al amanecer y nos hemos sentido auténticos y hemos amado con furia y deseo. Hemos trasportado inimaginablemente nuestros cuerpos hasta la ruptura y cual piezas del rompecabezas nos hemos perdido.  También nos hemos recobrado inexorables ante el desencanto y nos hemos extrañado de nuestra fortaleza. Y abran otros que no rompieron los márgenes sino se asilaron usando una máscara por miedo a los cambios. Aceptando las cosas tal como son porque más les importa lo que piensan los demás. Y muchos por ello sacrifican hasta a los seres que más aman.
Hay un punto donde la realidad termina y empieza el conjuro del azar. Donde nuestras conquistas frente al universo rotan inesperadamente a noventa grados y nos susurran abre los ojos.

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21.1.11

Ambages y pausas

Para mi mejor amigo Esteban Boz
 
Miro alrededor los parques que engloban el mar ante mis ojos. Y busco la pausa necesaria. Y me contemplo ante la función de las cosas y a velocidad organizo en mi mente las etapas una a una, minuciosamente ante la brisa que me acompaña en esta noche.

He tomado el espacio correcto para departir ante mis enojos y los silencios que agrietan las cenizas de un cigarrillo que ya no sirve. El puente se hace largo y extenso, en esta ciudad, se hacen hermosas sus curvaturas y desdeñan cada uno de mis pasos. Me empujan a recordar otros puentes trazados en la memoria. Dónde debo cruzar, llegar y sustituir todo y empezar. Atravesar el puente sin señales es una forma de enfrentar y romper muros que impiden muchas veces avanzar.

Regresé a Lima por un tiempo, por motivos urgentes. No quiero desvariar en ambages que se acumulan en mi recuerdo, sólo me doy un breve espacio. Al amanecer pienso en cientos de cosas como si mi cabeza fuera un archivador que abre carpetas una a una y revisara las más urgentes. Y sólo veo los puentes que debo franquear para llegar.

Ayer vi a mi madre muy apurada quería llegar aprisa a la casa y le pregunté porque le urgía llegar rápido si mi papá tenía Azheimer y ya ni sabía quién era ella. Y ella volteó y me dijo que él no sabía quién era ella pero ella si sabía quién era él. Comprendí que mi madre cruzo sus propias rutas y mi padre estaba del otro lado esperando perdido en sus olvidos. Pero ella haría lo posible para acompañarlo en cada intervalo que tuvieran. Y ahora estaba frente a una gran pausa donde ella estaba levantando muros y cruzando ríos y miles de puentes para llegar donde él estaba.

Desde hace muchos años cruzo vallas insostenibles y he serpenteado obstáculos tomando algún paréntesis entre una u otra cosa. Ahora frente a los cercos que me separan del mar, me siento agotada y evoco calles, cafés, rutas, viajes, calor, frío, mentiras, verdades, contemplo lo cotidiano y me pregunto si puedo tener la fortaleza de cruzar otra vez un puente paso a paso ante lo imposible.
 
Busco la noche ante la marea y a pesar de la pena justifico las palabras de alguien y eternizo cada instante que lleno sus palabras, etapa a etapa examinando el pasado. Pausa con pausa, quedito hablando bajito a la memoria. Dando espacios. Elevando vallas, vías, circuitos interminables donde nos perdimos. Circundando la marea, cruzo el puente al amanecer sin pensar si él sabe quién soy yo porque lo que importa es que yo sé quién es él. Único.
 



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3.8.10

Inherentes artificios

Para Irma Cedeño, por nuestras rutas en Nueva York

Hace dos meses recorrí la caminata de una milla en la quinta avenida, es una caminata donde se visitan todos los museos y galerías de arte por 4 horas y son gratis por ese día. Terminé agotada y al día siguiente no podía mover el brazo. Pero no negaré que fue una experiencia increíble para mi amiga Irma y para mí. Recorrimos muchos sitios y terminamos comiendo un cono de chocolate en esos carritos que se encuentran en cualquier esquina de los parques newyorquinos en el verano.

Así como extensas fueron las millas que circulé ese día, hace ya un par de semanas comencé mi marcha interna sobre mis planes y circunstancias adherentes. Lo había estado postergando hace ya tiempo porque las cosas propias siempre se dejan al final. Como si uno viviera todo el tiempo a través de retrovisor de un automóvil y esperara los cambios alrededor para moverlo y seguir la ruta. Así como vi exhibiciones aburridas y otras muy interesantes así pasaron por mi mente cada una de ellas. Esa eventualidad mínima que te hace cambiar todo en una milésima de segundo casi como un chispazo eléctrico. Todos estamos llenos de esos pormenores y giran y dan vuelta y serpentean tal cables asustados dando giros y no los podemos detener. Se dan inexorablemente.

Este último año ha sido algo complicado, lleno de arcanos sin resolver que han dejado paradigmas y tristezas en mi mente. A veces me siento algo cansada. Me llevó a recordar que hace un par de años, paseando por unas calles en Perú, leí un cartel de cierto lugar que decía “se alquilan mentes para no pensar” me pareció algo fuera de lugar. Ahora, después de muchos años le encuentro algo de sentido a esa frase.
Me he preguntado miles de veces que piensan las personas cuando van en el tren durante 2 horas si es que no leen un libro, conversan o están con su ipod. Supongo que lo mismo que muchos la última conversación del día, algunos recuerdos y cómo resolver algunos problemas. Entonces lanzamos teoremas lógicos y paradójicos sobre los temas en cuestión. Los analizamos de todos los ángulos y pensamos en eximirnos de él de algún modo para sentirnos mejor. Y si no queremos pensar usamos fórmulas mágicas. Usamos nuestros recuerdos: es la magia del olvido y sonreímos. Es la forma de comprender a los que se ríen solos en los trenes o autobuses.

En estos días estoy tomando tres libros “Las intermitencias de la muerte” de Saramago, el poemario “Yuria” de Jaime Sabines y “Los paraísos artificiciales” de Baudelaire. Y cito a éste último “… le juego una pasada a la imaginación que ha durado más que un minuto porque la lucidez lo ha consentido y me permito soñar despierto a costa de mis heridas para volverlas un paraíso…”
Algo extraño y hermoso que siempre encontraremos en la mente de todo ser humano es la posibilidad de cambiar y crear un universo propio. Donde podamos hacer un paraíso para nosotros sea frente a la ventana de un tren y sonreír esas dos horas y mirarnos a través de reflejo e imaginar un paraíso único para nosotros.

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24.1.10

La creación del solo

El devenir del arco tocando notas flotantes a través de mi oído, me hacen recordar la visibilidad de los cuerpos imantados como una simple expresión de la naturaleza. Y siento la invención de los universos que buscan resurgir en la creación de la mente humana.
Hace un largo tiempo que dejé de escribir en el blog, se juntaron muchas casualidades al mismo instante y tuve que sacrificar mi arco y dejarlo dormir por largo tiempo tal cual este blog. Ha pasado un par de meses y sin embargo al revisar me encuentro con la constancia de mis viejos amigos bloggeros que transitan por este espacio virtual.

Estoy escuchando a Bach, suite 1, el favorito de Yurena una gran escritora amiga mía. Y puede uno sentir la armonía del arco, las cuerdas y los afinadores en cada vibración del instrumento. De ese modo la palabra brota en nuestras manos en la pluma que utilizamos diariamente.
Al llegar el fin de año decidí darme una vuelta por la ciudad y ver el acontecimiento de los tiempos. Extrañamente llegué por 84 st en Manhattan y decidí ver los fuegos artificiales, pasando por el parque donde John Lennon pasó alguna vez y quedó estampada una canción. Los colores eran fantásticos no podía dejar de verlas, eran similares a una pintura abstracta que parecía girar a través de un caledoscopio. Pensé en dejarles un par de imágenes. Eso me llevó a recordar la exposición de Kandinsky the collection en Guggenheim Museum de NY, y pensé posiblemente Kandisky se ha recreado de estos colores en su soledad y ha plasmado infinidad de contrastes inimaginables en sus lienzos y se ha preguntado si el fuego tiene aroma a través del color o si el cielo rompe su ostracismo al caer la lluvia al amanecer. La naturaleza única crea lo imposible ante nuestros ojos e igual que Kandisky, la genialidad humana utiliza sus elementos para hacer posible estas visiones.
Hace unos días fui a una gran exposición de Samurais del Metropolitan Museum, me pareció increíble realmente muy buena. La fuerza de sus expresiones, las armaduras, la cultura que los envuelve haciéndolos cada vez más lejanos, no obstante, tan únicos y modernos. Noté que la fibra de sus ropas era de plata, bronce, platino y oro casi como una piel. Y sus espadas y cuchillos mostraban sutilmente la personalidad de los hombres que las portaron, sea por el color de su empuñadura o por las piedras coloridas impregnadas en el metal o por la forma y tamaño de estas armas. Eran totalmente distintas y al mismo tiempo mostraban una suerte de unicidad todas ellas.
Retomo nuevamente a Bach y dejo el encanto que da la creación en su expresión más solitaria. Esa visión que tenemos al sentir, ver, escuchar o leer algo realmente leve, que te rasga la piel como una hoja al caer; haciendo estallar completamente todo tu cuerpo sólo por el sentir de la hoja. Eso es el arte que nos maravilla. Como la nieve se estacionó hace unos días en las calles, en los carros, en las ropas, en los pliegues de los abrigos, entre nuestras lágrimas que caen solitarias confundiéndose en su elemento.
Definitivamente los hombres crean artificios únicos. Podría ser las lágrimas de nieve y el cielo un cuadro abstracto de Kandisky.
(La pintura que se encuentra en esta entrada se llama Improvisación y la primera fotrografía es una toma de las muchas tomas que tomé esa noche de fin de año)

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1.3.09

de ángeles y demonios

Los hombres somos seres extraños tenemos días que son variantes de cualquier día y otros que almacenamos en cofres a través de vestigios o boletos de bus. Podríamos poner solemnidad a un equinoccio o reinventarnos ante la puesta de sol. Las mismas circunstancias nos daría el mismo sentido de incoherencia ante los demás pero eso nos haría únicos. Hoy es igual que mañana y sería lo mismo que ayer.
 
Siempre me he sentido atrapada por la caducidad que representa el río Hudson, eso no es de ahora, viene desde que revisé unas viejas fotografías del río al anochecer, incluso antes de saber que vendría a Nueva York y supe que debería sentir su aroma en mi rostro. Podría decir que así se arman las teorías sobre la homogeneidad del universo o sólo las inventamos para liberarnos.
A veces las distancias son como acertijos que vienen y se cierran concéntricas y oblicuas, de ese modo me encontré caminando hacia Fulton street hacia el puente de Brooklyn y vi de cerca el río Hudson. Era muy tarde, lloviznaba, me paré en la baranda de madera, sentí la fuerza del viento como me arrastraba hacia el espacio y recordé un sueño de la mentira y lo escribí. El viento golpeó mi rostro y supe que todo era una mentira y lloré. Pude comprender porque los dioses sueñan que son pueriles mortales y los hombres sueñan que son dioses porque no quieren ser pueriles. Recordé a Rilke acechado por un coro de ángeles en sus Elegías de Duino extrañamente combatiendo a Blake con sus ángeles legionarios de los abismos y comprendí que ellos tuvieron sus propios demonios pero los convirtieron en ángeles.
La ciudad la siento inmensa y acechadora, pero esa noche sentí su compañía, entre sus calles y sus veredas sentí su soledad tan mía como suya. Sus caminos me llevaron al puente frente al río Hudson. Eran las once y el puente todavía estaba siendo transitado, me maravillé de su equidad para aceptar a todos los que en ese momento nos abrigábamos en su cuerpo y pretendí comprender la indiferencia de los seres humanos. Y supe que era nada en la instancia del tiempo, nada en lo conspicuo del otro y no quise saber más. Porque lo eterno no surge hasta que lo buscamos es así que navegamos en lo efímero y en la nada. Tiré una hoja y flotó hacia el río con mucha cautela balanceándose, en buena forma tratando de ser amada por el viento para que no la rompa pero igual se desintegró.
Entonces recordé las palabras de Rilke, quién me oiría si yo gritase entre ángeles ...entre gente que sólo se ve así misma. Pensé qué es el perdón, y Blake me dijo es el abismo de los hombres que no aman. Me fusioné en el combate de esos versos y comprendí algo muy simple que sólo perdonan los que aman. He amado mucho y no me arrepiento de ello.
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Tomo en instancia a Rainer María Rilke de su libro Elegías de Duino y a William Blake de su libro El matrimonio entre el cielo y el infierno, dos poetas de los cuales tomé sus versos, y se los dejo en cursiva.

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31.1.09

En el nombre del padre

La soledad es una gran barcaza llena de locos donde todos reman al revés, donde te quedas sumergido y das la vuelta contra la pared. Estos son los estigmas que me permite ignorar la existencia de la creación, sin embargo, persisto en ella. Al regresar nuevamente a los puentes, subterráneos, calles y ventanas del metro donde veo cruzar velozmente los paraderos de cada avenida, calle o músico errante. Ante el bamboleo del letargo y el frío que abruma, me hacen recordar lo inocuo que es estar perdido en el olvido y lo efímero del tiempo que se escapa entre nuestros dedos, sin siquiera percibirlo. He sobrevivido a la noche y aquí persisto ante el recuerdo inagotable del cualsea de donde viene el recuerdo. Un término - cualsea - tomado después de una lectura de Agamben muy en serio por cierto. Y estas noches te empujan a ser parte del respiro de ese aire malicioso que te embarga poco a poco al transgredir sus calles contra la corriente. Escucho una voz que me hace querer abrir los ojos como queriendo escapar del sueño, luchando indomable ante mis secuestradores que no me dejan despertar. Al abrir, un anciano desdentado injuria a toda la humanidad, por ser el rehén sin nombre. Muestra un palo viejo y acomete quijotescamente ante el escarnio y la desidia con palabras mágicas: la conciencia de trabajar por nada sin ser nadie. Después, pide apoyo de sitio en sitio, cuando llega a mi lugar, le pregunto sobre su problema, el responde que era tan importante que lo había olvidado y mirando por la ventana pregunta ¿podría este tren llevarme al paraíso? Ya pensaba contestarle alguna cosa, pero hizo un gesto con la mano acotando: al final no importa, si ni sé quién soy. Miré por la ventana y al girar la cabeza el anciano ya no estaba nunca más supe de él.

La necesidad del recuerdo ante el quehacer cotidiano, el matutino ser sin ser no cuesta absolutamente nada y retorno otra vez al cualsea necesario para los olvidos. Eso me lleva al recuerdo, al bajar del avión y buscar entre la gente a mi hermano, y mirar después de años, las calles de mi ciudad. Una ciudad llena de antojos, secretos y olvidos. Entré a la casa y vi a mi padre sentado en la mesa, me acerqué a él y lo abracé, él volteo y dijo: tú quién eres. Soy tu hija (respondí). El sonrío y movió la cabeza: Tú no eres mi hija, ella está en Nueva York. Otra vez, la cadena de olvidos secuestrados en el tiempo, perdidos en el limbo sin recuerdos. Y mi padre, perdido entre lo olvidos como hierbas insufribles amurallándolo sin escape.
Me viene el deseo de la noche sin recuerdos para sentir algo de paz y dormir plácida ante lo apócrifo. Entro a mi ático y persisto en desear los olvidos de mi padre ante lo inmutable que el devenir le arrebata día a día sin posibilidad de renuncia. Como aquel viejo que luchaba en contra de la humanidad y a los minutos no recordaba ni quién era. Y pienso arrancar presagios donde quede sólo algo de mis evocaciones y no duela más el pensamiento entre palabras llenas de mentira. Que sea sólo este preciso momento, el que llene toda la noche y el desamor se lo lleve el olvido para placer de los condenados. Y como diría José Emilio Pacheco “no me preguntes cómo pasa el tiempo” tomaré mis recuerdos para echarlos por la ventana para que lo artificioso se esfume entre la omisión y el desamor. Así pueda preguntar algún día y ¿tú quién fuiste? Sin recordar ni una sóla mentira cualsea, en el nombre del padre.
 

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4.1.09

Sobre ítacas y espacios

¿Qué es sentir un cuerpo cuando se ama? Morir y renacer mil veces en otro resurgir del espacio y retornar al cuerpo nuevamente. Explorar los límites de millones de deseos para convertirlos sólo uno para que el otro sienta el roce del cuerpo.
Estirar los silencios para que sean palabras dentro y explotar al abrir los ojos para empezar nuevamente en un cuerpo…

El año se esfumó cual ráfaga, aquí me encuentro mirando a través de la ventanilla del avión a miles de metros de altura, alejándome de la ciudad que habito hace ya un tiempo al encuentro de un descanso que detenga mis veladas, los puentes, mis noches de diluvio y desvarío. Corre el viento y penetra suavemente entre nosotros, esperamos su mano sigilosa que roce nuestras almas; muchas veces olvidadas por otros. Sentimos la presión al elevarse, nos hace recordar en un instante que pertenecemos a la fragmentación del tiempo, al cinismo antiguo de algún recuerdo y a la eternidad de nuestro cuerpo brindado mil veces a alguien por nosotros mismos.
Los viajes largos son tan tediosos y debía hacer un trasbordo de NY a Miami para tomar otro que me llevará a unas breves vacaciones. Después de hacer una larga fila, entregar documentos y pasar por la manga pude llegar a mi asiento y sentarme. Deseaba relajarme y escuchar música, tenía a Caetano Veloso y Coldplay – una mezcla extraña pero interesante para mis oídos. Saqué a Cavafis, libro necesario para un viaje y me puse a hojearlo. De repente escuché una voz medio cantada era mi compañero de asiento un argentino muy sonriente que tomaba una cerveza, él cual me comentó que hacia escala desde Texas a Miami para ir a Lima.
Tomé cuenta que todos nos encontrábamos guiados por el tiempo a un destino, juntos al encuentro de un respiro de alguna esperanza. El eterno retorno de algún recuerdo inhóspito dejado sin sentido. ¿Cómo encontrar sentido a lo eterno, al siniestro delirio del tiempo? A lo inconfesable del deseo que se deja y sabes que está desahuciado. Recobra cada una de esas llamas que abrasa el cuerpo sostenido en la memoria, sabes que es casi etéreo por eso no quieres recordar nada.
Los viajes son parte de una estrategia, somos casi como camaleones que necesitamos transformarnos por temporadas para renacer nuevamente. Para retornar con aires nuevos y reinventarnos. Veo las luces por la ventanilla en la oscuridad y comprendo que este viaje será aventurero y retomaré algunos recuerdos. Antes de abrocharme el cinturón y guardar el libro, pienso en el devenir al comprender el significado de las ítacas.

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28.11.08

Lágrima viva

Cuando el cuerpo arde en lluvias, se queda callado mirando a través de sus pensamientos. Se queda sin decir nada, se queda gritando mudo por dentro. Cuando el cuerpo pide un eclipse se le antoja un verano negro, perdido entre sombras de nada. Hoy mi cuerpo está atravesado por la lluvia y no se moja, mis pensamientos están calcinados llenos de otoño escuchando hojas crepitantes de mentiras. Las mentiras silenciosas que deberé extraviar y quedar sin palabras, riendo en el vacío. No seré palabra ni risa ni ojos Nada. Al tercer vaso sólo la eternidad y bullicio en el paraíso humano. Los humanos dioses de sí mismos.


Al amanecer, recorriendo la memoria sonrío frente al viento, miró a mi alrededor y las tiendas están abriendo. Una leve garúa golpea mi rostro, el día aún se ilumina y siento que debería saber que hay en mis pensamientos. Me quema la mañana, es un día esfumado por los días que se fueron. Y recorro las pistas como pisando nubes atrapadas en la tierra. Levanto el rostro al cielo y aspiro la humedad que me seduce. Subo al tren y bajo en la 34St, me siento plácidamente perdida en medio de la calle, atravesando las avenidas de un lado a otro. En ese instante comprendo que muchas cosas se terminan cuando los cuerpos dejan de tocarse. Me quedo inmóvil ante lo inevitable, en medio de una ciudad que late dentro de mi.
Que extraña se siente la calle cuando es muy temprano, no necesitas ir en un tren para ver borrosas a las personas que están girando a tu alrededor. Se perciben implacables ante la insistencia del dolor y el desarraigo, giran y siguen girando atravesándote y una está allí parada esperando nada. Llorar a lágrima viva como diría Oliverio Girondo, llorar a chorros, llorar el sueño, abrir las compuertas del llanto, empaparnos el alma, inundar las pistas, llorar de memoria, improvisando, llorarlo todo, llorar todo el día. Al anochecer, quieres detener el tiempo y cambiar la dirección del espacio y es imposible. Una se queda retenida ante lo implacable y se somete al olvido. Suena el teléfono, me hace recordar que ya es Thansgiven, es un día muy importante para muchos neoyorquinos: el día de acción de gracias.
Levanté la vista a lo lejos, el amanecer nuevamente. Atravieso mi corazón y sonrío...
 

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11.11.08

Donde habita el olvido


Lo encontraron boca arriba apuntando sus ojos al cielo, un cielo sucio y desteñido por el moho y la desidia. Un halo de luz cruzaba el vértice de la habitación, parecía ser la santidad de los hombres ante la abstracción de la muerte. Era medio día en Queens Village, él con los ojos desorbitados llenos de lágrimas ya putrefactos por dos días de espera. Miles de maggots iban y venían por su cuerpo como recorriendo calles y avenidas perdidas en el tiempo.

Allí precisamente donde habita el desorden, en el péndulo inquieto del recuerdo estaba un hombre en una pieza a oscuras sin ser reconocido. La gente entraba y salía, y el olor hediondo tocaba una sinfonía amarga y desencantada. Dentro de todo ese amago, pude reconocer un suave olorcillo a láudano y azmiscle, extraña mezcla que se perdía hacia el fondo de la casa. Acababa de visitar a alguien, cuando pase por esa puerta y vi a ese hombre tendido por la ventana. Tomé el bus la Q43 que me dejó en el subway para tomar la F. Tenía en mi mente una escena extraña, un chocolate con leche seca ya por los días, una mezcla de olores absolutos, una tarjeta arrugada con un poema de Benedetti en inglés y un cuarto extraño. Donde habita el olvido, pueden transcurrir miles de enigmas en mi memoria.

Queens no es cualquier Borough, es el más grande de Nueva York, considerado por algunos como el dormitorio de la ciudad. En él se encuentran cuerpos diseminados de esperanza y tiempo. Los blues y los hip hops, el grito de unos drums al anochecer y la silueta oscura del humo oscilante. Allí al cruzar el subway por toda la vía, a una hora de Manhattan. A lo lejos mi imaginación desbordándose en lo absoluto,  la espera.

En estos momentos, estoy circunscrita a muchas decisiones sin dejar de pensar que el chocolate es mi pasión. Qué sentido podría tener una cosa con la otra? Hay millones y ninguna conexión. Para muchos son importantes los aromas a soledad e intimidad, desde tomar un chocolate caliente leyendo un libro hasta rebozar un cuerpo de deseo de puro chocolate.
Al llegar a West 4, compré uno me lo debía por la dilación del momento. Caminé algunas cuadras recordando a Benedetti con su Corazón Coraza ya tan trillado para muchos, en conjunto al chocolate esperado. De repente me encontré frente a Barnes & Noble, una gran librería de Manhattan, después de buscar entre libros,  encontré Una habitación propia de Virginia Woolf y leí que para poder llevar una vida independiente y cultivar su propia naturaleza creativa necesitas una habitación propia con cerrojo y quinientas libras al año. Seguirán sin entender que demencial escrito es éste, te diré que encontré una habitación propia muy lejos de mi ático. Podría ser una suposición demencial o la verdad. Pero esa imagen me transporto a mis nuevas decisiones.

Deberé tomar mi perfume, mi chocolate caliente y buscar otra habitación propia y dejaré que los recuerdos se esfumen por la abertura junto con la lluvia. Aquí está amaneciendo y yo gravito sobre que deberé hacer más adelante, bajo las circunstancias mirando a la l
una por la ventana. El desorden y la inmediatez del silencio me agobian, hay un síntoma de incredulidad en la esperanza.


 Sin embargo, pude desentrañar el enigma de aquel hombre; se quedó esperando durante años que ella volviera y apretando su tarjeta lo venció el peso del recuerdo. Allí en esa pequeña habitación oscura, evocó al olvido que lo escuchara como cuando ella le dijo que volvería. La espera fue larguísima y ella nunca regresó, así lo encontraron mirando el cielo detenido, porque polvo será más polvo enamorado.

(los dibujos son de Tim Burton)

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29.10.08

El Teorema de los sueños

La música fluía cual laberinto perdiéndose entre nuestros oídos, no era costumbre escuchar ese tipo de música en un tren que va a Manhattan, mis largas horas de tedio se fusionaron increíbles en silencios hablados rasgando mi caos interno. Puccini, peleándose entre la multitud a las doce del día. Donde tratamos de conciliar el sueño, de llegar a dónde esperábamos. Y allí Nessum Dorma de Puccini estirándose entre los pasadizos de cada carril, entregándose etérea en nuestras manos; para los que quisiéramos suavemente como un sueño al despertar. La velocidad transcurría a través de la ventana dejándome sólo capturas borrosas de las estaciones pasajeras en mi mente.
Quise ver quién traía esa música, sin embargo nunca lo descubrí. Iba aún en el primer tren y me faltaba dos más para llegar a NJ, Hoboken Terminal. La sensaciones y la velocidad mezcladas copulando dentro mío. El vagón estaba repleto de gente y era imposible enterarse de aquello. Bajé en la 34 St hacia el Path que va a NJ, mientras caminaba buscando la salida para hacer la conexión, pensé en la laxitud del tiempo y en la historia de Turandot; del cual trata ésta ópera de Puccini. La proclama de la princesa Turandot de que nadie duerma hasta encontrar el nombre del príncipe desconocido, quién lanzó el desafío de que si su nombre no es descubierto, la princesa se casará con él. Calaf canta explicando con certeza que la búsqueda será en vano. Vino a mi mente un dilema sobre velocidad y laxitud, no de manera dialéctica más bien como un dilema temporal frente a las circunstancias. Sobre la imposibilidad del olvido ante el recuerdo. La necesidad de la certeza en el devenir para cada uno de nosotros, sea mañana o dentro de un mes o años.

Al bajar del segundo tren llegando a NJ, se me vino a la mente un poeta que v
ivió parte de su vida en Nueva York. Que sintió la música en su poesía y la hizo vibrar de distinta manera en sus versos. Poeta en Nueva York y Poema del cante Jondo de Federico García Lorca, dos libros tan distintos compuestos por la misma mano. Obligando a mi memoria, mirando el mar del muelle de Hoboken a recordarlos, escrutando en cada una de mis neuronas sus versos perdidos en mis recuerdos. Dos poemas vinieron a mi mente el poema sobre la muerte en “tres ciudades” y la ciudad y la muerte en “Calles y sueños”. Dos perspectivas distintas de la vida escritos en momentos diferentes. Sentía el aire golpear mi rostro con fuerza como si quisiera arrancármelo y tirarlo al mar. La lluvia me cubría completamente, implacable como son todos los otoños. Generaba en mi una ansiedad a la retrospección, ese recuerdo que queda flotante y que sólo lo revisamos en las lluvias, a través de la música o frente al mar. Era imposible alejarme de mis pensamientos frente a estos tres elementos.

Nadie duerma en el sueño, aunque parezca contradictorio es lo que queremos todos, para sentir la caducidad del tiempo
como va aflorando dentro nuestro y nos embriaga; nos lleva a flotar sobre nuestros deseos y perpetuidades. Por ello, esa velocidad era necesaria para acelerar mis ansias y laxar un poco el olvido. El aire seco te besa y sientes que tus labios se hinchan con su acercamiento, puedes cerrar los ojos e imaginar cualquier sueño y producirlo en un minuto. Por fin, llegó el tercer tren, estaba extenuada y sonreía, sentía placer de haber vencido al olvido. Y pude figurar algo más extraño en mi mente, el deseo de ver una vieja película frente al calor de una estufa, cubierta de mantas mirando la ventana. Esas películas de corte comedia romántica de la cual no soy adepta, pero que a veces me escondo a verlas. Con Nessum Dorma y el recuerdo me vino la nostalgia de The mirror have two faces realmente una film muy viejo con un final espectacular que bien valen las películas de ese corte, las pocas aceptables según yo. La mujer del costado me observó toda la ruta, posiblemente era mi sonrisa evocando la sorpresa de volverla ver sentada al viento con el calor de alguien muy especial.

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19.10.08

Teoría del Caos

Los días pasaron caóticamente uno tras otro con sus bemoles y sus incongruencias. Los rayos de sol fueron extinguiéndose uno a uno. El viento comenzó a develarse y ansiosamente se arrulló sobre las pieles de miles de transeúntes de esta ciudad. Sólo el silencio al atardecer y fragmentos de tiempo esfumándose detrás de la melancolía que trae el otoño.
El viento arreciando las hojas lanzando a la cara la desesperanza de la estación y su mutismo a través de rostros cubiertos y pensativos. Y como penetrando la mirada por un oscuro túnel, me encontré con la pintura de Van Gogh me hizo latir el corazón en mil pedazos. Mi encuentro con el color, la luz y el viento juntos al unísono, fue un verdor interno que me hizo temblar; satisfizo mis sensaciones constreñidas. Siendo la escrutadora de su dominio, acercándome sigilosamente expectante ante su imagen. La sensación fue inexplicable.
Van Gogh and the Colors of the Night una de la exposiciones más hermosas que he visto en The Museum of Modern Art (MOMA). Podía escuchar el rugir del viento escapar a través del marco hacia mis oídos, la luz darme directo al rostro e imaginar las estrellas desde sus ojos. Sentía estar en esa noche penetrando a través del lienzo quedándome atrapada en esa “Noche Estrellada” de Van Gogh. El poder del cuadro era avasallador, éramos muchos los que queríamos verla, tocarla, olerla y sentir la calidez indomable de su fuerza. Esa tarde vi muchos cuadros clásicos. Pero ninguno como ese único cuadro que tenía existencia propia. Fue hace una semana que sentí el color de imágenes que aún conservo en mi imaginación y me empujaron a escribir algunas ideas acerca de existir.

Sin embargo, la semana fue austera y extraña en muchos sentidos. Recobré por horas mi cordura, que me llevaron a meditar sobre diversas situaciones. Retomé un viejo libro de lectura del Arte de Amar de Eric Fromm y amenacé con releerlo y me encontré cuestionando variedad de preguntas sobre el odio, el amor y la comprensión. ¿Qué relación podría existir entre una increíble pintura y las sensaciones humanas más banales? Definitivamente todas. Recordé que sentí alegría, tristeza y soledad, al mirarla.

Hoy salí a dar vueltas y encontrarme con las calles y pensé que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Y cómo todo arte necesito conocerlo y abstraerme de él como tal. Me pareció interesante como Fromm separa las visiones sobre el amor a través de los errores que se entienden acerca de qué es sentir amor, por medio de teorías. Y lo presenta en un inicio como tres errores comunes acerca de lo que uno cree que es el amor: la primera la atracción como producto, el interés en algo específico por uno de los lados, segundo las personas que se guían por la apariencia y lo que dicen los demás acerca de su elección como si eligieran una mercancía (el objeto deseable desde un punto social), y el tercer error (según Fromm) que radica en la confusión entre la experiencia inicial de enamorarse y la situación de permanecer enamorado. Llama a ese milagro con un inicio de atracción sexual y consumación. Sin embargo, las personas al tiempo de conocerse piensan que es duradero pero sólo es monotonía y seguridad. Mas no amor. Sólo es el escape del ser en su soledad buscando compañía.
Dejando a Fromm y sus teorías cáusticas acerca del amor. Leí un anuncio interesante sobre una taberna en Hudson Street que se llama White Horse; donde meditaron, se emborracharon y escribieron poetas como: Ginsberg y Kerouac. Poetas irreverentes que pertenecieron a la Generación Beatnek. Hombres sin cordura como Van Gogh en otro tiempo que hablaron de la desesperanza, el orden, la destrucción y el amor. Por entonces, seres comunes y corrientes que lloraron, rieron y amaron con locura y desesperación. Como ahora, nosotros simples mortales que dejamos algo escrito sólo para que tú lo leas como ahora lo estás haciendo.

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6.10.08

Inter.Nos.

Porque la risa se contagia hasta del viento, aproveché la temporada para reflexionar sobre las miles de circunstancias que aglomeran mi mente. Al dejar el coche en la parte más alta; me estiré para divisar desde arriba como se veían los coches pequeñitos asustados cruzándose uno con otro, liberándose. La vista de la pendiente desde un Central Mall sin importar el nombre que tenga el lugar. Sólo la búsqueda de la risa interna en el aire perdiéndose entre las voces y griteríos de las personas que apresuradas buscaban prendas de alguna marca en especial o un posible sale. Al entrar un panorámico de una mujer altísima y delgada con un letrerito if you want to be like her, enter here. No hay más que voces, risas, vestidores y los mejores disfraces para ser ejecutiva, glamorosa, sensual, gótica, clásica o deportiva. Y lo más importante es que nada de eso importa.

La saciedad y la abstinencia en la soledad de esta ciudad, fatiga el corazón. Lo vuelve sordo, lo endurece y lo resiente. Caminar en sinfonía con otros seres que ríen y discuten entre nosotros. Sin nombres sólo rostros, calles aromatizadas de cuerpos extraños que circulan contigo. Entiendes que el mundo tiene sentido sólo si lo obligas a tenerlo. En la prioridad de la circunstancia más abyecta te extravías y resucitas porque no basta con morirte en la nada.
La muerte es un bemol en la quietud y se arrastra suave entre la arena recorre puentes, cafés, subways y toma ron con coca cola para estar aturdido y no sentirse mal de vez en cuando.
Y el corazón no entiende no precisa de teoremas explicativos, late a complacer; el corazón como nadie se ha tornado auténtico, para ser oído en el universo. Rodeado de voces, atraviesa entre unidades de sistemas cáusticos, incondicional sin sentido. Atrapado entre sueños sumergido en delirios, sin escape. Secuestrado.

No hay más que esta luna, la sombra y el desencanto. Ese tiempo eterno del que ama aturdido entre la espera y el recuerdo. La búsqueda de la circunstancia, que se quedará en el olvido y el deseo de una bahía inexplorada vista desde lejos en una postal de una vitrina. Somos lo que fuimos cualquier suspiro al aire olvidado en una tarde. He cuestionado los millones de enigmas como está armado el universo y me sublevo ante ellos. Crearé un millón de locos sistemas que sientan nuestros cuerpos y truenen nuestras mentes. Esto queda entre la luna y yo como diría Li Po.

Las calles, vidrieras y más vidrieras que te observan desde adentro. Salir y buscar miles de nombres entre las calles que te esperan. Puedes escuchar tus pasos en las baldosas que repican para que tú la sientas, no se puede decir que esta ciudad no tenga sentimientos si el piso brama porque tú lo tocas. Perdida estoy entre la gente sin voz, sin ti, sin nada. En esta tarde gris donde todos los pájaros pueden ser de fuego, ésta ciudad se me antoja y quiero conocerla.

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22.8.08

Cuerpos cuerpos cuerpos ....

cuerpos etéreos plasmados incrustados desolados taciturnos despreciados infinitos deseados olvidados bajan y suben por toda la ciudad
cuerpos y más cuerpos enrevesados descolgados espontáneos aburridos sibaritas inflamados relajados se tropiezan uno a otro por donde van
cuerpos y más cuerpos vienen y van fallecidos existentes recortados insipientes pensativos sonrientes invadidos de cuerpos y más cuerpos
bajan por Fulton Street

posiblemente antes ya había pasado por allí no lo recuerdo
levanté la vista y venían muchas personas como una procesión de ellas como si estuvieran controladas por un microchip,  sin mirar a ningún lado sólo caminan de frente como si todas tuvieran un único pensamiento llegar a algún lado ¿dónde? I don’t Know tal vez a la casa de una tía al trabajo a recoger a sus hijos a comprar el pan a ver al amante o llegar a algún hotelucho o sólo por dar vueltas como yo quedé en encontrarme con Samantha con quien recorro de vez en vez las calles de Soho o el barrio chino pero terminamo
s frente al puente de Brooklyn dando vueltas,
mientras mirábamos la feria de alimentos que está alrededor
los pequeños restaurantitos que dan la vuelta mejor dicho que bordean el pequeño mall que esta al centro frente al puente respire el aire frente al mar aprovechando su aliento ya que el sol me estaba casi pulverizando
a punto de ser desactivada como los miles de cuerpos ant
eriormente expuestos
respire profundamente acogiéndome a la vida
por un momento en medio de la plaza
me sentí como una cámara impaciente a punto de dar un flash
un viejo tirado en el piso abrazado de una botella con un mensaje
why lie I want a beerotro más listo debajo de una de las sillas del parque Silence I'm sick help me rezaba su cartel
otro tratada de botar fuego por la boca totalmente tatuado
una pareja de novios o amantes se besaban sin pudor frente a unos viejos músicos que tocaban una polka los cuales eran animados por un grupito de viejillas con sombrero rojo (podrían pertenecer a algún club secreto)
un turista calvo gordo tomaba unas fotos al puente con una hermosa cámara digital de última generación
mientras un chino dibujaba el puente con un carboncillo


sentí el sol quemar mis ojos
sin embargo pude ver un cartel que anunciaba Bodies y pensé que aún no había visitado ese museo
no sé si fue simple casualidad pero ese museo expuesto frente a Fulton Street me causa cierta gracia
no hay que negar que todo es publicidad en esta ciudad
en un avenida donde los cuerpos van y vienen
justo un cartel anunciando cuerpos partidos
que se pueden observar por dentro
cuerpos reales desmembrados expuestos abiertos al público sin pudor a ser exhibidos
sin ninguna carga
cuerpos procesados diseminados cuerpos
como el tuyo y el mío….

iré a verla el siguiente mes ya les cuento.

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