4.9.11

Osmosis

Hoy les dejo una entrada distinta, interior. Y una música  al final de la entrada que espero lean y escuchen a la vez.

“Si algo me dolió…, fue que borraras mis caricias de tu pelo naranja.…
recuerdo que en una época tu pelo fue azul, y parecías de juguete...
Y a mí me gustaba jugar a vestirte y desvestirte, y mordisquearte… Al borrar mis caricias de tu pelo naranja,
fue como si borrases el tacto de tu pelo naranja de la aureola de mis dedos. Y ahora sólo son dedos vacíos,
como agujeros negros que han engullido tu tacto, y ya no lo recuerdan. Mis dedos hacen memoria en otros cabellos,
en otras pieles… algo me dice que no tienen aquella caída tan especial de las tuyas…”
Vera Eikon



A Luna, mi hija








No eran los blues que escuchábamos palmotear en el cuarto de Hoboken al amanecer ni los cantitos de los negros al subir al subway. Era la corriente fría que dejaba el invierno metiéndose entre los huesos. Poco a poco resbalándose armoniosamente entre nuestras partes, reduciéndonos a uno. Y en un ovillo latía el desarraigo, la lejanía y la crudeza del invierno.

Obsesivamente arreglaba cada pedazo del lugar y fútilmente revisaba cada pedazo de noche de tu cuerpo, que quedaba entre tus sábanas rojas ya ajadas por una vieja lavadora que giraba durante doce horas intermitentes. Al amanecer revisábamos libros de poemas y viejas películas japonesas que descubrían parte de nuestros antojos más oscuros y reíamos tratando de descubrir quién era el asesino.

El insomnio partía la noche y mi mente creaba historias con espacios de tiempo mientras escuchabas un blues tomando una cerveza. Las migajas del cuerpo se partían entre tus dedos, pero sometidas al antojo se cubrían de aromas entre las sombras espalda con espalda en una breve cama que soportaba la noche. Mientras la luz atada a la esquina se caía intempestivamente a cada momento.

La nieve tocaba nuestros oídos muy tarde entre la bruma y nuestra soledad partida entre sueños. Y juntos empujábamos un carrito para hacer las compras. Recuerdo el día de la inundación que tuvimos que girar para dar la vuelta y acabamos tomando un tren de vuelta sin retorno. Las huellas han quedado disueltas en el aire al llegar el verano y se enfrían ahora por la lejanía. Y las cartas vienen y van esperanzadas pero partidas, casi vacías. Amabas la ondulación de mi cabello y mi canto en tu oído. Sin embargo, fluctuaste el sistema planetario, interrumpiendo la cadencia extraordinaria del sonido que siempre nos acompañaba. Ahora está vacío el aire y los blues ya no golpean nuestras ventanas.

Tus manos tienen memoria, las mismas que ondularon las formas abultadas de mis pechos y desarmaron el engranaje que fusionaba nuestros espíritus. Luna brotó asombrosa ante mis ojos, palpitando en mi cuerpo, cantando los blues de nuestra locura. Nació frente al escarnio y la soledad. Su cuerpo tenía memoria, se movía al compás del blues de tu espíritu junto a mi locura.

Ahora giro y doy la vuelta, al revés. Leo tus cartas de enero dónde pedías que no te olvide porque un gran desasosiego inundaba tu vida. Ahora que sigo girando veo sólo humo que vuela y quema las paredes. Ahora sólo quedan dedos vacíos como agujeros negros que revientan en nuestros cuerpos.  Y la luna mirándonos destaja nuestra memoria pedazo a pedazo.

Estoy cansada de buscar a Luna entre mi cuerpo y recordar que no está. Sólo queda los blues de esas noches de Hoboken arrastrándose entre nuestros sueños, tan únicos. Donde Luna espera que algún día regresemos a recorrer como el último día que recogí tus últimas cosas. Ella estaba mirándome y creo que sonreía.






Etiquetas: , , , , , , , ,

19.8.11

Origen


Ábrete cuerpo, deslízate suave ante lo eterno. No te detengas. Estigma la curvatura que emerge desde la punta de tus pies hasta la raíz de tus cabellos.

Coge segmentos oscuros de la memoria, de esas manos que amaron cada partícula y siniestro de tu espíritu. Es allí donde está lo auténtico, lo perplejo de amurallar mi cuerpo en este espacio reducido. Pide el nombre abortado en el desorden de las plaqués que brillan desde lejos con vísceras, corazón, hígado y vejiga. Muéstrales la gravidez de tus ondas ya marchitas y conduce la figura ante el destello.
Está todo tan ordenado, allí donde mi pupila arrastro mi ansiedad, allí donde me cubrí y descubriste mi origen. Con valor intenso, le pusiste precio, aparcando mi aliento en la desidia del olvido. El cuerpo  no posterga el sabor amargo de tu aliento ni a los fariseos.  Surca la inmensidad del viento y crea mi espectro ya borrado en el sentido.
Todo está consumado y no hay más que decir. No me dejes abandonada en esta vasija de plástico.



“perezca el día de mi origen
concebido como niño roto antes de nacer"
Mixha Zizek




Etiquetas: , , , , ,

12.8.11

El reflejo del Otro

Para Víctor, mi padre,  aunque no sepas quien soy, yo sé quién eres tú
La realidad es un personaje siniestro disfrazado de ficción. Quién puede contar los enigmas que hay dentro y desdoblarlos, volviéndolos armar cientos de veces.  Calibrando el sistema en funciones sistemáticas donde el silencio quede vano, solo, mudo perdido al fondo del cuerpo.
En Lima las vidrieras son sinestésicas y rutilantes podemos ver nuestra imagen cerrarse entre los elevadores y crujir dentro de un baúl. Nos vemos entre la marea cabalgando entre un mar de gente, rutilantes, apacibles, perdidos entre miles de cuerpos extraviados como moscas dando tumbos, una amalgama viviente de sombras.
Podemos recrear el edema de sin sentido entre la recogedora de basura y la vecina que atesora bacinicas, fierros, latas, vidrios, y un sinfín de desperdicios como si fueran los últimos tesoros del inca. Ver los territorios que vagan entre las multitudes acogidas ante el desencanto de la muerte. Que las espera, ellas esquivas, no la escuchan porque están escondidas bajo el templo del olvido.

Víctor se pone de verde y piensa que puede sumergir olas entre las paredes. Contagiar cantos y robar sermones en una caja de cartón. Se viste una y otra vez ante el hartazgo de sus mañanas ya aburridas ante la quimera. Resistirse es inevitable, lo hace cientos de veces desde que se levanta. Se mira al espejo y ve al trasluz el reflejo de su cuerpo enmudecido por los años de fatiga. Acondiciona al tiempo e inevitablemente corta la raíz de su memoria. Donde se perdió el cielo antes de llegar al infierno. Mira la ventana y traspasa el miedo, volando entre jirafas amarillas a través del viento. Sonríe y conversa con el otro, tú que estás escuchándole y no comprendes su lenguaje.

Lima se pierde en su cuerpo, robándole el tiempo. Rutilante gesticula palabras incomprensibles. Tú ves al hombre haciendo girones en el aire, palpando las paredes, hablando con una suerte de fantasmas y te preguntas qué hay en su mente. Y te pierdes en la oscuridad del Otro desde tu mirada, pero en la suya los relámpagos serpentean sus recuerdos y brillan dentro con su propia luz interior.



Después de muchos problemas pude entrar a blogger,  no me autorizaba a entrar a escribir. Por fin pude entrar. Gracias por la comprensión. Casi 2 días no pude, a veces me permitía y otras no.




Etiquetas: , , , , ,

6.8.11

Fantoche


Giró y dió la vuelta en un sólo movimiento. Y susurrando le hablaron al oído  girandole su cabeza.. Volteó el torso, oscilante, se estiró y se alargó tantas veces que parecía que estuviese en el aire. Las risas alrededor siempre eran fuertes y estridentes.  Para terminar en una arista cerca a la ventana en posición frente al mar.
Decidió cambiar de posición. Era necesario claudicar ante la monotonía y  romper el vestigio marcado de diario pararse, hablar, levantarse y reírse cuando no pensaba ni quería hacerlo.  Resolvió presentarse a sí mismo frente a su público sin nadie que lo controlara.  
Por eso, esa noche se cambió la corbata, abrió el cajón que tenía debajo la cama y lo dejó allí para siempre. Salió al escenario ante las miradas turbadas del público y se presentó a sí mismo. Pestañeó repetidas veces y girando su cabeza con rapidez de noventa grados hizo un par de gestos. Era su momento,  ahora le tocaba al hombre dormir.




Después de leer la entrada del blog de Javier, me vino este relato a la cabeza,
http://janpath-broadway.blogspot.com/2011/07/jose-luis-moreno.html






Etiquetas: , , , ,

19.7.11

Intrusión

Que los dioses emerjan del cincel que ordena la piedra y recurran al sacrificio, podría ser una frase enigmática, al final sólo es el encargo de una tribu. Y los dioses sólo reflejan el karma, ya establecido en el cosmos y organizan esa energía invisible que emana en el tiempo, debido al comportamiento de la personas. Podría ser una concatenación de ideas, la sucesión de hechos encadenados uno tras otro, que dependen de un surco estigmático que deniega nuestras circunstancias abyectas o inimaginables a la orden de una mínima especificidad.
El aire sacudió las cortinas y las elevó de tal manera que semejaba un dosel. A la sombra toda forma es un ente. Ella escuchó su nombre y al voltear sonó un ruido chirriante que le cruzó el occipital y terminó atravesando la pared a una velocidad que se mezcló entre danzas y festines que a lo lejos daban los jíbaros* que ella tanto apoyó con sus curaciones y estramonios. La noche caía de bruces y él supo que podría extender su universo y sonrío. Por unos segundos la observó y sintió una jaqueca que le perforó el cerebro y un dolor de oído extremo.
Cuando llegó a Lima sentía una migraña ensordecedora que lo empujó a visitar a un par de médicos. Seres que nunca pensó indispensables, sin embargo, allí estaba esperándolos. Se hizo un par de análisis y después de comprar sus medicamentos se retiró a descansar. Sabía que en un lugar tan alejado de la amazonia, jamás llegaría ni por un ápice a ser descubierto. Así que dio por sentado y hecho que era dueño de todo. Y así pasaron los días y ninguna noticia, hasta que lo llamaron y le avisaron que su esposa había fallecido a causa del disparo perdido de un cazador.
De repente, un halo helado golpeó su cuerpo y se estremeció, estaba sudando frío. Así que inmediatamente llamó al hospital. Al abrir los ojos le avisaron que acababan de hacerle una operación de emergencia, que había tenido un tipo de parásito similar al tamaño de la pulga dentro de su oído. Él sintió alivio y preguntó si podrían darle de alta en el hospital, ya que tenía que viajar prontamente al extranjero. El doctor le dijo que llevaba tres días inconsciente y que habían hecho algunos estudios sobre el insecto y que era hembra. Y que dicho parásito se reproducía cada doce horas y que daba alrededor de cincuenta huevos.
A la semana, se escuchaban los ritos finales, todos se aglomeraron alrededor de la encomienda, abrieron la caja y allí estaba la cabeza, la mantuvieron sumergida en el agua durante 15 minutos ya que si lo pusieran más tiempo pudiera ablandarse demasiado. La sacaron del agua y ya era la mitad del tamaño original. Rasparon la piel por dentro para sacar los últimos restos de carne y cosieron boca y ojos. Y lo pusieron en exhibición como trofeo. **
Por otro lado, dice la historia de los jíbaros que los bien amados son llevados al pie del cielo, y para ello deben subir muy alto para dejar sus restos como ofrenda. Los brujos soplan sobre la figura para enfriar el cuerpo, para darle nuevamente la vida y extender sus restos sobre la tierra. Y así ella fue llevada entre cantos y furias por el altar de los dioses emergentes del alma.


* Los shuar (también llamados jíbaros) son el pueblo amazónico más numeroso. Habitan entre las selvas del Ecuador y Perú. Los conquistadores españoles les dieron el nombre de jíbaros.
** Los jíbaros cuando ganaban una batalla reducían las  cabezas de sus enemigos.




Etiquetas: , , , , , ,

14.7.11

SIGILO

"La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado,
sino precisamente, porque la quiso.”   Milan Kundera (El libro de la risa y el olvido)


Este texto está dedicado a
mis amigos
Diana, Gabriela, Julio, Morgana,
Estrella, Emma, María Luisa,
Yure Guillén y Gargola.


Le pegaron casi hasta matarlo, cada golpe era el recuerdo de cada calle, avenida, esquina donde él la beso. Cada recuerdo era un dolor más, sobre su cuerpo macerado de un alma partida en dos. Un alma que se había vuelto una contradicción y que gritaba delirante ante la locura. Al voltearse se encontró cercado y supo en ese instante que no había salida.

Se sentía el intenso aroma desde la vereda. A pesar del vaho penetrante de la calle, podía atisbar la piel que se deslizaba a través de la ventana, entre los barrotes oxidados y los vidrios sucios. A oscuras, la casa brindaba el silencio de esos viejos solares resquebrajados por el tiempo. Ese recuerdo de algo que jamás podría quitar de su memoria. Atravesó el corredor que daba al vértice de la calle, sin quitar los ojos de la ventana, esperando cualquier indicio de existencia. Encendió un cigarrillo ante el desvelo de esa noche y se acopló al grupo de la tienda, esperando un vistazo desde la abertura del segundo piso.

La reja entreabierta daba una invitación al solar, las luces revoloteaban desde el fondo; inquietándolo a penetrar directamente por los estrechos pasadizos que daban al apartamento. Pero sabía que si entraba se perdería, no era fácil deshacerse de ese embrujo extraño que lo estaba atrayendo hace un par de meses. Sabía que era cuestión de tiempo que sus aliados de jolgorio, descubrirían sus entuertos y estaría perpetrado para siempre en la cárcel justiciera de los hombres verticales.

La vio al cruzar la calle de la estación del tren, podría ser casualidad que esa noche saliera tarde de trabajar. Supo que al seguirla cambiaría su rumbo vital. Y ese día sentía hambre de sueños. No era el momento de amilanarse ante los detalles y se lanzó al encuentro de ella, sin saber a dónde iba ni por qué. Se encontraban en la misma línea del tren, a lo lejos la máquina venía y pudo oler su agitación al sentir la velocidad que raspaba su halo cercano y escudriñar cada cabello ante la fuerza de la máquina.

Respiraba de tal modo que sus pechos se elevaban ante la mirada de cualquier hombre que estuviese cerca, no importaba a que estipendio pertenecieran, unos eran por deseo y otros por escarnio encubierto. Pero estaban examinándola siempre por ese ángulo externo del ojo.  Podía haber sido ese día, cuando se quedó clavado en un punto que se estiró hasta ser una sonrisa; al levantar la vista se encontró con unos ojos que se achinaron sutilmente al encontrarse con los suyos. Volteó el rostro de tal modo que pudiera soslayar sin ser sorprendido. De vez en cuando despegaba la vista del diario para captar cada acción desarrollada por ella. Al llegar al paradero final, él se acercó, cuando de manera repentina ella giró y le pidió su diario. Él se quedó en estado catatónico, ella se lo arrebató y revisó la parte C; levantó  las cejas y se arrojó encima de él con tal fuerza que lo hizo trastabillar y despertar de su letargo. Ella lo cogió del brazo y lo llevó casi a jalones por las escaleras que daban a la calle.  El vaho del viento les congelaba el rostro, de tal manera que parecía impulsarlos uno contra el otro al avanzar cada paso. Sin hablar se refugiaron en un cafecito oscuro. Nadie lo había avasallado de tal manera; extraviado  por el aroma de una mujer desconocida.

Se sentó en un banco, que le dejase ver directamente la ventana, esperando que ella saliera a otear por el marco de la vidriera, pero no salió. La pregunta era que esperaba realmente al verla en ese momento. No podía hablar con nadie al respecto. Qué podrían entender de sus deseos más perpetuos.  Un  golpe de oreja lo hizo voltear hacia atrás: “¿Qué miras con tanta insistencia, no sabes que allí vive la Lilít?”, no lo negó, sólo cambio el rumbo de su mirada y empezó una conversación sobre nada y todo lo necesario para reirse un buen rato sin motivo alguno. No era casualidad ese momento, todos juntos en la misma ciudad. Una ciudad expectante, marcada por el recuerdo de los que quieren olvidar, y el frío te destroza el alma, te marchita el corazón y te endurece. Pero Lilít  mostraba esas carcajadas crujientes nunca impostoras. Él supo desde esa tarde que la vio subir al tren que quedaría atrapado en su memoria. Cuando ellos por fin decidieron partir, el dobló la cuadra; un par de bromas, un cigarrillo por allá y un hasta mañana. Cuando ya estaba a media hora de la despedida, regresó por la espalda del solar y subió por la escalera de atrás, trepando por el alfeízar  apoyandose en la cornisa.

Hasta que sintió una mano que lo jalaba hacia adentro, al penetrar a la habitación sintió su aroma que flotaba en el ambiente que lo rodeaba paralelo a un efluvio incandescente. Sintió el temblor ante la humedad de su cuerpo, quería morder la pared para no tocarla, podía escuchar sus latidos rozando su pecho, frotándose, cerró lo ojos para aspirar la humedad de sus labios y sus manos delinearon su cuerpo, dónde su risa estalló cual rugido invadiéndolo todo. Era innegable que la soledad tiene sus bemoles en lo evidente, no obstante, quería cerrar los ojos y creer lo que quisiera con sólo sentirla. Quería ser transportado a ese efímero contraste entre lo étereo y lo absoluto. Pero eso era imposible, la realidad estaba frente a él; en las risas de sus amigos y ese pensamiento lo absorbía como una inyección letal.
Por eso cada golpe, era recuerdo de cada mirada, una sonrisa abierta, un antojo y una espera frente a la ventana. Sentía morir por la rabia de no poder gritar la ignominia, el desarraigo y incomprensión de sus amigos. La evidencia de ser vulnerable ante lo irreversible. Lo funesto del dolor interno que te embarga hasta la asfixia y ya no sangras. Cuando ellos lo cercaron sabía que algo iba ocurrir; esas risas maliciosas, sus manos y el hedor que desprendían cada uno de ellos. Podía ver su cuerpo desde arriba, insoportable y apestado por otros, inerte como cuando ella se le avalanzó por primera vez a los brazos, cuando se reía a carcajadas y descubrió que eran lo mismo y se amaron.
Cerró los ojos y no supo más.




Asimismo le dejo también un premio a su talento
Diana,Julio,Gabriela, Emma, Estrella, MaríaLuisa (mamamia),
Merché M, Yurena G, Morgana, Gargola.

Gracias a mis amigos que me apoyaron apenas entré a la red, 
y a mi nueva amiga Merché Marín (por darme el blog de Oro).
Y a mis amigos de la red que fueron a la presentación: David Cotos, Fanny Jem, Ludobit, Pierrot, abatido por las estrellas y Esteban Boz. Gracias por acompañarme esa noche
Les dejo un premio a mi estilo :) muy personal.
Hay tanta gente maravillosa, besos
Esto es para ustedes, les doy dos modelos para que se lleven el que más les gusta :)

Etiquetas: , , , , ,

30.6.11

Altura


Peña alta al borde del abismo, donde miles de cruces asoman, puedo atisbar el horizonte más lejano que da directo a un peñasco cerca de la cresta de la nada.

Me tracé por años la meta de treparla, por ello viajé a Cantabria para poder concebir el nacimiento de los montes emergentes más etéreos que podría concebir mente humana. Por ello, cuando llegó el momento del bendito viaje. Asumí que todo lo esperado estaba a punto de comenzar,  la aventura de mi vida. Todo fue hecho con mucho sigilo, incluso las recomendaciones del doctor fueron realizadas. Las expectativas de este viaje eran tremendas y cada día era una gran espera. Las voces revoloteaban alrededor, la familia presurosa que llevara cámara, agua, todo lo necesario. Estaba tan cansada con el ajetreo que mi marido se ocupó de ciertas banalidades, como mi equipaje y que cada cosa debería estar en su lugar.

Cuando partí me sentí como una niña que se aleja por primera vez, a pesar de tener a mi lado alguien incondicional que calladamente soportaba mi gran temperamento. Me dio un fuerte abrazo y me recordó cada minucia del viaje y que el mapa estaba dentro de mi vieja chaqueta beige.  Lo único que no confiaría a nadie: trazar caminos. Como buena escaladora controlaba mis rutas y trazaba con colores específicos mis márgenes algo que no podría hacerlo en absoluto nadie, menos mi esposo que era bueno pero de ninguna manera inteligente.

Subir, subir y subir con el aire golpeándote el rostro, podía sentir la adrenalina que recorría todo mi cuerpo llenándome de excitación y empuje. Me sentía dichosa al bordear esos abismos como si retara al mismo diablo. Crucé por horas los montes. Sin embargo noté dobleces de ruta. Que no deberían existir según lo planificado, ya que tenía que llegar antes de oscurecer al primer peñasco. Busqué mi mapa y allí estaba, no los recordaba pero si estaban puntuales dentro del papel. Así que seguí cuesta arriba. Se hacía más tarde y se torcía el horizonte por la ondulación del cerro. Sentí sed y abrí mi segunda botella pero la sentí agria hasta medio rancia. Pensé que era mi boca seca que tenía un gran amargor. El sol le cayó de lleno al mapa y pude ver unas breves letras que no conocía y así que saqué mi lupa y pude leer “copia fiel del original” mire de cerca mis marcas y descubrí que los matices no pertenecían a mis plumas.
Sentí mareos y cansancio, incluso algo de temor. Mi cuerpo me vencía y  únicamente podía pensar que no era posible. “¿En qué momento lo planeó?”. Sabía que estaba perdida; que había bordeado la peña pero del lado reverso, a la nada. Donde hay un precipicio y miles de rocas me abrazarían. Mi cabeza estallaba, estaba a punto de explotar. “Sólo tuvo una hora” pensé.

Nunca noté que era tan listo, lo hubiera amado tanto.






Etiquetas: , , , , ,

16.6.11

Corte


Un ojo observaba, se mecía, impávido ante lo innegable se abría como una capsula encendida en el despegue. No había posibilidad de detener la escena, no estaba preparada para ese  momento.

Hacía mucho tiempo que ella buscaba la esencia, las forma impecable que mostrara la luz de su nacimiento. La curvatura perfecta de la formula humana, por ello, ansiosa averiguó todos los lugares posibles que pudieran transformarla en la diosa que ansiaran los hombres. Encontró el lugar preciso a sus demandas y sin ton ni son concertó una cita después de una rápida observación. Al llegar el día, estaba excitada porque el futuro se abría cual averno frente a sus pies y emocionada dio el paso definitivo para darles todas las facilidades a los doctores. Le explicaron las dos formas posibles y que deberían ser cuidadosos en todo aspecto. Lilia sólo movía la cabeza aceptándolo todo.

Se sentía frío en la sala, aún le dolía la cabeza por la anestesia. Sentía las voces y las risas a su alrededor, los comentarios de las personas que parecían estar en la sala todavía. De repente sintió un hincón terrible como una aguja hirviente penetrando a su costado y agua que destilaba  entre sus axilas. Las enfermeras reían con las bromas de los doctores. “Que sus senos eran demasiado flácidos y que harían magia para volverlos a su lugar”. Ellas reían mientras un doctor sacaba la grasa y creaba un nuevo hoyo para poner nuevamente el pezón. El más viejo miraba la válvula e indicaba que desollaran la piel que quedaba y que tiraran del hilo para mantener la unidad de la dermis. “Se siente muy blanda todavía la piel” dijo el otro, “hay que extirpar más tejido”.

Un par de lágrimas cayeron de sus ojos, quería gritarles decirles que paren. Pero ellos seguían como si nada. Las pupilas observaron: cada jirón arrancado y cada pedazo de piel humeante cercenado por el laser. El dolor era intolerable, pero la voz no salía como una pesadilla en cámara lenta. Expuesta ante el antojo de sus peores delirios, sentía su piel ser despellejada, desgarrada, seccionada, tajada y cercenada. Hasta que la enfermera advirtió que la presión estaba demasiado baja.
 Y su figura sintió como la belleza se escapaba ante su rostro enmudecido.  Donde petrificado el cuerpo, inmóvil esperaba hasta el último corte.




Etiquetas: , , , , , , ,

29.5.11

La sombra de los dones

Recuerdo la balanza que alzó ante las sombras y tiró el peso en lo inevitable. Que distanció el enigma y rescató la fuerza del espíritu. Oyó un grito dentro suyo y estalló en mil pedazos. Desató el infierno y como fiera luchó para recobrar su alma del dolor, del artificio creado en la incógnita del silencio.
 Llamó muchas veces para exacerbar su cuerpo, desarmar su delirio; tiró a sus oídos la piedra engendrada en el engaño. Frente a la ventana noche a noche arrugó su cuerpo plegando su ira entre lágrimas. Supo que sus dedos aflojaron el nudo impertérrito del estigma. Y que nada era verdad y balanceó el dolo con mesura inclinado entre promesas, afrentas y desilusión. Inclinada ante el refugio de la esperanza explicó dilemas posibles que atestiguaran la verdad, pero tártaro el centro la llevó a lo umbroso. Estalló un cuerpo dentro suyo, pidiéndole salir.  Pero la fatiga era tortuosa y la piel no resistía la cadencia de otro cuerpo. Lo perdió.
Hasta donde la balanza se refugia entre las sombras, y reclama sus espíritus perdidos. La cobija del canto que ya no clama, el escarnio de los seres que se divierten. Estaba sola, en una camilla de hospital frente a una ventana lluviosa, llena de voces a su alrededor,  la balanza se torcía a un lado rigurosamente. Ella pidió verla y callada tomó su piel y salió hacia la calle, subió al tren. Las calles daban vueltas a su alrededor, y llamó por teléfono. Una voz bramó al otro lado del auricular. Caminó un par de cuadras y observó el lugar, la báscula se inclinó al lado opuesto.  Y lo comprendió todo.

Después de dar vueltas, vio sangre entre sus piernas. Se duchó y se sentó frente a la pared.  Al amanecer salió vestida de cenizas entre las piedras, quería tener la seguridad de estar en el lugar donde otros respiran. Bajó al subterráneo, miró el tren. El peso osciló hacia el término,  ella por fin pudo volar.




(Recién pongo este video, pero me gusta la música y fue con ella que escribí esta historia)

Etiquetas: , , , , ,

22.5.11

Revelación

Le susurraste que se quede quieta junto al micro que se dejara llevar, que sintiera cada promesa hebra tras hebra en sus oídos. Alargaste la lengua para cerciorarte de que temblara al crepitar de cada murmullo. Ondulaste con dulzura la insidia a dulceperla3. Sabías que cada noche te esperaba, eras el montonero que la sacaría de su indigencia. La palabra mágica chiko_10  y la máquina gesticulaba por ti, aderezando el paraíso, la complicidad en su más tierna intimidad. La ansiaste en cada intervalo, a través de miles de fotografías que descargabas cada noche. Sus líneas eran la respuesta de muchas noches insomnes donde te sentiste derrotado, solo, un chico más de la escuela, que a nadie importa. Pero ella te esperaba, todas las noches.

Ahora por fin es el día. La verás. Sentirás el calor necesario para llenarte de sus aromas, tu deseo esperanzado en su cuerpo de fantasía. Te paras frente a la puerta y tocas el timbre y sale un viejo y te dice que esperes en la salita. Pasan como 10 minutos y el hombre vuelve a salir y te alcanza una bebida con unos panecillos calientes. Tú sonríes y tomas el refresco, sientes un calor interno, estás fascinado con los cuadros barrocos del salón.
De repente todo gira a tu alrededor, notas que a duras penas puedes mantenerte en pie. Casi a rastras llegas a la puerta y abres. Allí está imponente sonriéndote, tocándote como lo habías pensado, impávido tratas de comprender. Te sonríe y te abraza con su cuerpo flácido arrastrado por los años de impudicia. Tratas de escurrirte pero sientes el vaho de su piel que no te suelta, levantas la mirada y sabes que no saldrás jamás.



Etiquetas: , , , , ,

17.5.11

Limpieza

Con un secador de cabello suavizo su piel. Y rastreo cada parte del cuerpo, husmeando espacios, sintiendo pedazo a pedazo la rigidez de las extremidades. Al llegar al rostro, sus ojos plenos de aureolas parecían grietas moradas. Esquivaban ciertas rajaduras que asomaban insolentes entre los pliegues de la masa. Quito uno a uno plumas, hojas, arenilla brillante que resbalaban por el sesgo de sus axilas.
Pienso que cada parte de esa entidad es única, pero está marcada por la pasividad de los tiempos. Está mermada por la circunstancia disoluta del universo. Donde se unifican sus miembros y debo descuajarlos  para organizar sus partes de la mejor manera posible. No es algo simple porque debo hacerlo con absoluta  armonía y ablución. De tal manera, que quepan como fusionados pulcramente. Soy algo maniático en mi trabajo y no me gusta la liviandad en situaciones extremas.
El agua corre por las partes seccionadas y veo que quedan exactas en la caja. Al terminar llamo a un par de encargados y les digo que lo lleven al arenal de Condevilla, donde llegan los basurales.  Me saco los guantes y me lavo las manos cuidadosamente.  Y al cruzar la puerta respiro la pureza del aire y sonrío.

Etiquetas: , , , , , , ,

5.5.11

La vuelta del espejo

Hasta donde termina la realidad en una circunstancia que podría ser un sueño. Uno recorre las calles indagando si cada cosa está en el lugar donde debería estar o cada situación se produce según la coincidencia que devenga.
 
La percepción sobre la naturaleza humana es para muchos innegablemente extraña. Ella prendió seis veces la calefacción para asegurarse que funcionaba y la arropó de diversos ángulos de la cama para dejarla cómoda. Y espero unos minutos para cerrar las ventanas y asegurarse que nadie entrara de ninguna manera. Cuando llegaron, ellas estaban abrazadas durmiendo juntas con gran placidez como si no hubiera pasado nada. Sólo un halo de gas despedía su aliento directo al sur por una rendija de uno de los agujeros de luz. La desesperación por encontrar una respuesta, algún tipo de salida antes que él llegara y nuevamente las obligara a sus antojos. No había escape porque donde fueran siempre las encontraría. Acurrucadas a la tenue luz de una lámpara esperaron el túnel que las llevara a la salida.

Como diría Borges, ciego a las culpas podría el destino ser despiadado a las mínimas distracciones. Pero ese no fue el caso. Dividiendo el tiempo podríamos situarnos frente a ellas y recoger cada parte de la secuencia anterior. La pregunta caprichosa sería si era necesario llevársela a la niña también al gran escape. Visualicemos hasta que punto lo real es más extraño que lo imaginado.

Por otro lado, una madre -aparentemente - sufre por su hija que yace en el hospital casi desahuciada donde nadie sabe que tratamiento darle porque no descubren aún el mal que le aqueja. La madre clama y pide ayuda desesperadamente. Hasta que la niña pasa a terapia intensiva y de casualidad en la noche entra una enfermera y encuentra a la madre inyectándole orines. Que es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado.

Hasta donde la realidad empieza en la imaginación de estos personajes reales que crearon una historia para nosotros, y usaron sus propios artilugios para sobreponer el engaño. Sea por escapar hacia a la libertad, se dio el chance de crear un escenario ante la muerte o sea por el síndrome de munchausen por poder. Ambos casos quedaron registrados en algún momento por la prensa y son reales. Como se pudo develar el artificio, viendo el lado opuesto de lo real, lo inaceptable. La vuelta al espejo donde no hay reflejo. Allí encontraremos a dos mujeres egocéntricas en dos ángulos perfectos reflejándose a sí mismas en su realidad imaginaria. Viendo sólo un lado, el suyo.

Es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado, y que la esperanza de que nada de esto sea cierto; sin embargo es la realidad. Y esta en nosotros el crear los artificios para que el sol se oscurezca y la luna resplandezca como mejor nos guste a nuestro infinito placer. En el escenario más importante nuestra propia vida.



Etiquetas: , , , , , ,

17.4.11

Doblez

 Para Irma Cedeño, por nuestras calles

Recorrer los cuerpos en las calles, los centros, por sí misma frente al espejo, en la perplejidad del ser humano y en la ironía al buscar la perfección imprecisa. Lo obsceno que puede ser un cuerpo inerte en su lúbrica impunidad.

Miras el diario y pasas las páginas una por una y te detienes casi por casualidad en un aviso que parece dirigido a ti. Lo lees con sigilo, medio abstraído pensando en miles de cosas que debes hacer en el día. Sin embargo, la noticia te detiene, impulsándote a buscar en las páginas amarillas una dirección. De repente te encuentras sumergido en una ruta extraña que te conduce a un lugar.
Sientes un estremecimiento como si los caminos te llevaran por sí solos. Tocas la puerta pero nadie sale. Sólo está la portera, a la cual preguntas por lo sucedido, ella responde que la policía ya se ha llevado el cadáver. Repentinamente anota que tiene las llaves, y antes que termine de hablar le entregas 50 soles. Sin hablar te abre la puerta y  entras. Tomas un par de fotografías y te asomas a la ventana, por la cual puedes ver una pequeña fosforescente botica de turno. Levantas la vista y reconoces un libro Los Cantos de Maldoror, con extrañeza adivinas que le falta la última página y que está machado de café en la página veinte antes de abrirlo. Aspiras el perfume y notas un par de libretas con apuntes, un lápiz mordido junto a una fotografía e inmediatamente miras tu dedo índice que tiene una leve protuberancia. Reparas una hoja puesta en la impresora ya la vas a tomar, cuando la policía llega y te pide que te retires. Les preguntas quién era y te dicen que no tenía rostro.
Al bajar vislumbras tu imagen en los escaparates y puedes desdibujar algunas facciones entre las curvaturas de las vidrieras. Ajena casi equidistante tu perfil se desdobla repartido entre tres paredes transparentes. Miras tu viejo reloj y notas que no funciona. Sigues caminando y al llegar a la esquina encuentras una breve bifurcación, no obstante sabes que vía seguir. Miras tus manos y observas un anillo de piedra verde, sientes rasgar la noche en tu piel. Y apuras la ruta hacia tu casa. Tomas un taxi y buscas la libreta que has tomado a espaldas de los policías. Lees una pancarta en la ruta, la masa de los cuerpos curva el espacio-tiempo. Antes de entrar ves que son las 6 de la tarde, entras a tu apartamento y notas que el café se  ha derramado encima del libro que has estado leyendo la noche anterior. Lo levantas lo limpias y buscas desesperada la última página. Buscas la foto en tu impermeable, cotejas tu rostro en el espejo y antes que pudieras voltear suena un silbido de una descarga.
(le dedico con cariño este texto a Yurena Guillén, gran escritora y amiga)

Etiquetas: , , , , , , ,