4.9.11

Osmosis

Hoy les dejo una entrada distinta, interior. Y una música  al final de la entrada que espero lean y escuchen a la vez.

“Si algo me dolió…, fue que borraras mis caricias de tu pelo naranja.…
recuerdo que en una época tu pelo fue azul, y parecías de juguete...
Y a mí me gustaba jugar a vestirte y desvestirte, y mordisquearte… Al borrar mis caricias de tu pelo naranja,
fue como si borrases el tacto de tu pelo naranja de la aureola de mis dedos. Y ahora sólo son dedos vacíos,
como agujeros negros que han engullido tu tacto, y ya no lo recuerdan. Mis dedos hacen memoria en otros cabellos,
en otras pieles… algo me dice que no tienen aquella caída tan especial de las tuyas…”
Vera Eikon



A Luna, mi hija








No eran los blues que escuchábamos palmotear en el cuarto de Hoboken al amanecer ni los cantitos de los negros al subir al subway. Era la corriente fría que dejaba el invierno metiéndose entre los huesos. Poco a poco resbalándose armoniosamente entre nuestras partes, reduciéndonos a uno. Y en un ovillo latía el desarraigo, la lejanía y la crudeza del invierno.

Obsesivamente arreglaba cada pedazo del lugar y fútilmente revisaba cada pedazo de noche de tu cuerpo, que quedaba entre tus sábanas rojas ya ajadas por una vieja lavadora que giraba durante doce horas intermitentes. Al amanecer revisábamos libros de poemas y viejas películas japonesas que descubrían parte de nuestros antojos más oscuros y reíamos tratando de descubrir quién era el asesino.

El insomnio partía la noche y mi mente creaba historias con espacios de tiempo mientras escuchabas un blues tomando una cerveza. Las migajas del cuerpo se partían entre tus dedos, pero sometidas al antojo se cubrían de aromas entre las sombras espalda con espalda en una breve cama que soportaba la noche. Mientras la luz atada a la esquina se caía intempestivamente a cada momento.

La nieve tocaba nuestros oídos muy tarde entre la bruma y nuestra soledad partida entre sueños. Y juntos empujábamos un carrito para hacer las compras. Recuerdo el día de la inundación que tuvimos que girar para dar la vuelta y acabamos tomando un tren de vuelta sin retorno. Las huellas han quedado disueltas en el aire al llegar el verano y se enfrían ahora por la lejanía. Y las cartas vienen y van esperanzadas pero partidas, casi vacías. Amabas la ondulación de mi cabello y mi canto en tu oído. Sin embargo, fluctuaste el sistema planetario, interrumpiendo la cadencia extraordinaria del sonido que siempre nos acompañaba. Ahora está vacío el aire y los blues ya no golpean nuestras ventanas.

Tus manos tienen memoria, las mismas que ondularon las formas abultadas de mis pechos y desarmaron el engranaje que fusionaba nuestros espíritus. Luna brotó asombrosa ante mis ojos, palpitando en mi cuerpo, cantando los blues de nuestra locura. Nació frente al escarnio y la soledad. Su cuerpo tenía memoria, se movía al compás del blues de tu espíritu junto a mi locura.

Ahora giro y doy la vuelta, al revés. Leo tus cartas de enero dónde pedías que no te olvide porque un gran desasosiego inundaba tu vida. Ahora que sigo girando veo sólo humo que vuela y quema las paredes. Ahora sólo quedan dedos vacíos como agujeros negros que revientan en nuestros cuerpos.  Y la luna mirándonos destaja nuestra memoria pedazo a pedazo.

Estoy cansada de buscar a Luna entre mi cuerpo y recordar que no está. Sólo queda los blues de esas noches de Hoboken arrastrándose entre nuestros sueños, tan únicos. Donde Luna espera que algún día regresemos a recorrer como el último día que recogí tus últimas cosas. Ella estaba mirándome y creo que sonreía.






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26.7.11

Episodio


Desde el ojo de la cerradura vio impasible como le despedazaban la piel con violencia. Corrió hacia la ventana y trató de escapar pero notó que estaban herméticas soldadas por fuera.  Buscó un lugar donde apretujarse y quedarse hasta que se fueran. No había línea y parecía como si estuviera en una estación remota. Intentó fundirse entre las columnas que daban a la puerta, pero temía ser hallado por alguien. La rompieron una y otra vez y él no podía hacer nada para detenerlos. Quería escapar, llegar al centro, pero fue imposible. Ella dejó de existir. Ahora estaba solo.


Cortó su cuerpo atado a las barras del ventanal, cercenó cada parte de su imagen, para que no lo hallaran detrás de la puerta. A lo lejos, vio una patrulla y los llamó a gritos. Pero ellos siguieron su ruta. Y las cosas se estiraban mientras él se quedaba aprisionado entre las hojas del libro sin poder nunca más salir.
*Les dejo este microrelato que es parte de un grupo que se está formando de la misma temática.







Gracias porque siempre comparten conmigo.




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22.5.11

Revelación

Le susurraste que se quede quieta junto al micro que se dejara llevar, que sintiera cada promesa hebra tras hebra en sus oídos. Alargaste la lengua para cerciorarte de que temblara al crepitar de cada murmullo. Ondulaste con dulzura la insidia a dulceperla3. Sabías que cada noche te esperaba, eras el montonero que la sacaría de su indigencia. La palabra mágica chiko_10  y la máquina gesticulaba por ti, aderezando el paraíso, la complicidad en su más tierna intimidad. La ansiaste en cada intervalo, a través de miles de fotografías que descargabas cada noche. Sus líneas eran la respuesta de muchas noches insomnes donde te sentiste derrotado, solo, un chico más de la escuela, que a nadie importa. Pero ella te esperaba, todas las noches.

Ahora por fin es el día. La verás. Sentirás el calor necesario para llenarte de sus aromas, tu deseo esperanzado en su cuerpo de fantasía. Te paras frente a la puerta y tocas el timbre y sale un viejo y te dice que esperes en la salita. Pasan como 10 minutos y el hombre vuelve a salir y te alcanza una bebida con unos panecillos calientes. Tú sonríes y tomas el refresco, sientes un calor interno, estás fascinado con los cuadros barrocos del salón.
De repente todo gira a tu alrededor, notas que a duras penas puedes mantenerte en pie. Casi a rastras llegas a la puerta y abres. Allí está imponente sonriéndote, tocándote como lo habías pensado, impávido tratas de comprender. Te sonríe y te abraza con su cuerpo flácido arrastrado por los años de impudicia. Tratas de escurrirte pero sientes el vaho de su piel que no te suelta, levantas la mirada y sabes que no saldrás jamás.



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17.4.11

Doblez

 Para Irma Cedeño, por nuestras calles

Recorrer los cuerpos en las calles, los centros, por sí misma frente al espejo, en la perplejidad del ser humano y en la ironía al buscar la perfección imprecisa. Lo obsceno que puede ser un cuerpo inerte en su lúbrica impunidad.

Miras el diario y pasas las páginas una por una y te detienes casi por casualidad en un aviso que parece dirigido a ti. Lo lees con sigilo, medio abstraído pensando en miles de cosas que debes hacer en el día. Sin embargo, la noticia te detiene, impulsándote a buscar en las páginas amarillas una dirección. De repente te encuentras sumergido en una ruta extraña que te conduce a un lugar.
Sientes un estremecimiento como si los caminos te llevaran por sí solos. Tocas la puerta pero nadie sale. Sólo está la portera, a la cual preguntas por lo sucedido, ella responde que la policía ya se ha llevado el cadáver. Repentinamente anota que tiene las llaves, y antes que termine de hablar le entregas 50 soles. Sin hablar te abre la puerta y  entras. Tomas un par de fotografías y te asomas a la ventana, por la cual puedes ver una pequeña fosforescente botica de turno. Levantas la vista y reconoces un libro Los Cantos de Maldoror, con extrañeza adivinas que le falta la última página y que está machado de café en la página veinte antes de abrirlo. Aspiras el perfume y notas un par de libretas con apuntes, un lápiz mordido junto a una fotografía e inmediatamente miras tu dedo índice que tiene una leve protuberancia. Reparas una hoja puesta en la impresora ya la vas a tomar, cuando la policía llega y te pide que te retires. Les preguntas quién era y te dicen que no tenía rostro.
Al bajar vislumbras tu imagen en los escaparates y puedes desdibujar algunas facciones entre las curvaturas de las vidrieras. Ajena casi equidistante tu perfil se desdobla repartido entre tres paredes transparentes. Miras tu viejo reloj y notas que no funciona. Sigues caminando y al llegar a la esquina encuentras una breve bifurcación, no obstante sabes que vía seguir. Miras tus manos y observas un anillo de piedra verde, sientes rasgar la noche en tu piel. Y apuras la ruta hacia tu casa. Tomas un taxi y buscas la libreta que has tomado a espaldas de los policías. Lees una pancarta en la ruta, la masa de los cuerpos curva el espacio-tiempo. Antes de entrar ves que son las 6 de la tarde, entras a tu apartamento y notas que el café se  ha derramado encima del libro que has estado leyendo la noche anterior. Lo levantas lo limpias y buscas desesperada la última página. Buscas la foto en tu impermeable, cotejas tu rostro en el espejo y antes que pudieras voltear suena un silbido de una descarga.
(le dedico con cariño este texto a Yurena Guillén, gran escritora y amiga)

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17.3.11

Radio Chat


La lava comió sus cuerpos e incineró miles de almas en Tokio. Ellos trataban de respirar entre el humo y  la contaminación. La ciudad se encuentra dañada en varias áreas, las personas se tropiezan como si tuvieran los ojos vendados, los ojos observan desde arriba como el agua se traga poco a poco los carros, las casas y las personas, indolente golpea las paredes de los edificios que se desploman como cartones arrugados y los toldos de las tiendas se desinflan como globos de carnaval. El cielo está negro y debemos retirarnos. Se siente la adrenalina estirarse dentro de nuestros cuerpos y no podemos comprender la ferocidad del tiempo y la naturaleza hasta cual grado puede enfurecerse con este universo.
Oigo las vueltas sordas que da la hélice del helicóptero, mientras van grabando la ciudad. Una tremenda metrópoli, ahora se ve tan pequeña, tan devastada. Recibe a sus hijos muertos en sus brazos de fuego y está sola clamando soporte, con uñas rasga el cielo para que la escuche y se mantenga a su lado. Pero el cielo se oscurece y debemos retirarnos. Se queda sola a lo lejos, crecerá al amanecer yo lo sé. Sabrá que la cobardía y el miedo no serán suficientes para amilanar su fuerza, y buscará los refugios y las vigas donde apoyarse sola. La ciudad crecerá hermosa, no ahora, sino de a pocos cuando los barcos lancen sus velas y ellos puedan respirar el aire puro.
Escribo desde un notebook prestado, que no me pertenece pero que tengo dentro de mi bolso como si fuera mío, decidí no cargar mi computadora por motivos suficientes. También hay un satélite de un amigo japonés donde puedo ver mi mail increíble como si estuviera en Lima. Cuanta tecnología realmente estoy asombrada. Estoy muy cansada no duermo hace más de 28 horas y me duelen los pies y la espalda.  Llamé y hablé con mi padre y él me reconoció eso es muy importante para mí.
Cada vez que hablo suena un molestoso bip, y cada vez que escribo hay un sonido de radio viejo. Hace un frío terrible que me rompe los huesos, siento el olor entrar a mis pulmones y no hay calefacción en la mayoría de lugares. Estoy con un grupo de amigos tomando café y nos pusimos a leer poemas de memoria, yo saqué mis libros el de Matsuo Basho y leí un par de Haikus. Buscamos la calma en nuestras lecturas, uno recordó un poema  Pizarnik, otro de Alberti . DE repente sonó la alarma y tuvimos que irnos. Radio Chat can you hear me? eso escucho a lo lejos, Radio Chat…. Can you hear me?


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15.3.11

Oriente express

Se escapa el cuerpo y ya no quema, se ha aplacado el dolor de muchas lunas sin descanso. Está quieto esperando empezar las rutinas, las búsquedas y el deseo.  Las una y mil noches de refugio esperando el soporte necesario, para enfrentar el hábito que la costumbre empuja a sobrellevar el cuerpo; entiende que no hay sostén y se desbalancea pero resiste pero a medida que va acomodándose a la práctica, persiste y va fortaleciéndose.  Han sido meses donde el cuerpo se enfrentó solo, comió su pena solo,  junto todas sus partes y las empezó a pegar una a una. Hasta formar una columna, se dio cuenta que es único como ningún cuerpo y enfrentó a sus fantasmas. Diles que te empujaron a una hoguera y no te quemaste, que a pesar de su agravio estás aquí nuevamente luchando ahora más fuerte que nunca.


Miré por la ventana y supuse que cada árbol, nube y ácaros que a veces circulan por el aire aún existen en este mundo. Dando vueltas alrededor de todos nosotros. No lo pensé mucho tomé un par de cosas las puse en una valija pequeña y decidí partir a Tokio.  El domingo  pasado encontré a un amigo, listo para salir hacer un reporte en Japón y estaba algo acelerado haciendo maletas y me preguntó si quisiera ir a hacer algo de trabajo por allá como voluntaria. No lo pensé dos veces y le dije que sí. Así que hizo un par de llamadas y me dio algunos encargos y me dijo que me esperaría en el cambio de escala antes de ir a Tokio.  Hoy llegó mi pasaje a mi mail y para mi sorpresa haré escala en Nueva York por 5 horas y de allí nos iremos juntos a Japón.
Me hubiera gustado ir a Tokio en otro momento, pero será interesante recorrer sus calles como lo pensé en algún momento y tratar de sentir los cuerpos dañados y no dejarlos sucumbir ante la desolación. Siento la fortaleza de entenderlos después de perder a un ser que siempre estará conmigo y con esa misma fuerza los impulsaré a empezar nuevamente juntos. Sólo serán 5 días pero presiento que mi cuerpo sonreirá hacia adentro junto a Luna.
Me encuentro esperando el avión que me llevará a Nueva York donde estaré 5 horas, al llegar allá haré contacto  y de allí me iré a Tokio.  Llevo conmigo un libro de poemas de Matsuo Basho, creo que si le pregunto algo me contestará en japonés y eso es lo que quiero.


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3.8.10

Inherentes artificios

Para Irma Cedeño, por nuestras rutas en Nueva York

Hace dos meses recorrí la caminata de una milla en la quinta avenida, es una caminata donde se visitan todos los museos y galerías de arte por 4 horas y son gratis por ese día. Terminé agotada y al día siguiente no podía mover el brazo. Pero no negaré que fue una experiencia increíble para mi amiga Irma y para mí. Recorrimos muchos sitios y terminamos comiendo un cono de chocolate en esos carritos que se encuentran en cualquier esquina de los parques newyorquinos en el verano.

Así como extensas fueron las millas que circulé ese día, hace ya un par de semanas comencé mi marcha interna sobre mis planes y circunstancias adherentes. Lo había estado postergando hace ya tiempo porque las cosas propias siempre se dejan al final. Como si uno viviera todo el tiempo a través de retrovisor de un automóvil y esperara los cambios alrededor para moverlo y seguir la ruta. Así como vi exhibiciones aburridas y otras muy interesantes así pasaron por mi mente cada una de ellas. Esa eventualidad mínima que te hace cambiar todo en una milésima de segundo casi como un chispazo eléctrico. Todos estamos llenos de esos pormenores y giran y dan vuelta y serpentean tal cables asustados dando giros y no los podemos detener. Se dan inexorablemente.

Este último año ha sido algo complicado, lleno de arcanos sin resolver que han dejado paradigmas y tristezas en mi mente. A veces me siento algo cansada. Me llevó a recordar que hace un par de años, paseando por unas calles en Perú, leí un cartel de cierto lugar que decía “se alquilan mentes para no pensar” me pareció algo fuera de lugar. Ahora, después de muchos años le encuentro algo de sentido a esa frase.
Me he preguntado miles de veces que piensan las personas cuando van en el tren durante 2 horas si es que no leen un libro, conversan o están con su ipod. Supongo que lo mismo que muchos la última conversación del día, algunos recuerdos y cómo resolver algunos problemas. Entonces lanzamos teoremas lógicos y paradójicos sobre los temas en cuestión. Los analizamos de todos los ángulos y pensamos en eximirnos de él de algún modo para sentirnos mejor. Y si no queremos pensar usamos fórmulas mágicas. Usamos nuestros recuerdos: es la magia del olvido y sonreímos. Es la forma de comprender a los que se ríen solos en los trenes o autobuses.

En estos días estoy tomando tres libros “Las intermitencias de la muerte” de Saramago, el poemario “Yuria” de Jaime Sabines y “Los paraísos artificiciales” de Baudelaire. Y cito a éste último “… le juego una pasada a la imaginación que ha durado más que un minuto porque la lucidez lo ha consentido y me permito soñar despierto a costa de mis heridas para volverlas un paraíso…”
Algo extraño y hermoso que siempre encontraremos en la mente de todo ser humano es la posibilidad de cambiar y crear un universo propio. Donde podamos hacer un paraíso para nosotros sea frente a la ventana de un tren y sonreír esas dos horas y mirarnos a través de reflejo e imaginar un paraíso único para nosotros.

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4.10.09

Vigilia

Estoy medio pedida en el tiempo. Sentí como se modulaba a través de mis palabras, mi cuerpo y mi espíritu. Sentí el estigma de no pertenecer al espacio que habitamos y fracasé en mi intento de volar. ¿Será necesario ejercitar mis alas?
Soñé con una araña que se mecía en su tela, me quedé prendada de su estirpe y su holgura. Formé parte de su pelos, ansias y me perdí en su eternidad disoluta. La araña fue atrapada en la decadencia de su tiempo y está a punto de fenecer. No recuerda quién fue y si formó un linaje que perpetrara su especie.
Es más simple hablar de una araña que de los seres humanos. Sería incluso más fácil planear de cuerpo entero esquivando cerros y rascacielos. Una chica de once años cogió sus alas, surcó ventanas, paredes y techos sucios para aterrizar entre el pavimento y la vía. Sus ojos cerraban la etapa de un sueño perdido en algún lugar que nadie supo descifrar. La incógnita del tiempo a la búsqueda de un viento seguro. Sin ubicación ahora es Jane Doe, en el perímetro del sentido del grupo de investigación. ¿Jane, habrá encontrado la distancia perfecta para volar y sentir el viento? Su sonrisa quedó plasmada entre lágrimas y suciedad, sólo un nombre: Jane Doe. El rótulo que dan a todas las Janes extraviadas sin conocimiento de ser.
Sólo un minuto de aclamación y Jane Doe con los ojos impávidos frente al universo, preguntándose ¿quién es Jane Doe? Y un mar de pájaros rasgando su impunidad diciéndole “Nunca más” a la manera del cuervo de Poe. Jane clavada entre los precipicios esperando una respuesta que nunca llegó. Jane sola abrazada en la vereda sonriendo con la mirada hacia todos. Cuando pasé cerca a ella, sentí que me penetraba esa mirada entre lágrimas sucias y casi por un instante me pareció ver un leve movimiento. Jane será enterrada junto a su rótulo y fabularán estirpes que designen su nacimiento. Ahora mi sueño se convirtió en araña y te llama Jane. Su tiempo de tejer terminó y el tuyo Jane nunca empezó. Dime Jane ¿es posible volver para tejer rascacielos? Estoy segura que regresarás volando y la lluvia chispeará tu nombre perdido entre el graznido de los pájaros negros.

In memorian de todas las Jane Doe.

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