18.3.12

Vacuidad

Los extremos son variantes de nuestras posiciones y se unifican a veces sin querer.  m.z

Las ventanas son los ojos de la ciudad parecen tablones doblados al cruzar. Lima guarda espacios entre las calles, desgastadas que se agrietan entre los zapatos.  La oscuridad al amanecer se sumerge intrépida asustada como la doblez de tu boca cuando sonríes. Las cuadras te han cogido irremediablemente a solas, te han dejado pensar en recuerdos que acabas de sepultar en la irreverente suciedad de la plaza y escuchas las mentiras. Son casi gomas cuajadas en sintonía en tu lengua.


El aire crece caliente en este verano ácido extravagante, caíste y viste claramente todo lo que querías ver.  El puente se hacía cada vez más largo entre tus piernas, no era fácil doblegar al universo entre las mareas de manera automática casi imposible, podrías converger en un sistema que alumbrara tu corazón al revés.
Las calles te inundaban el cuerpo cual métales y raspaban el hielo que caía entre tus caderas, oscilantes tímidas. Vagamente sonreíste. Regresaste al mismo lugar y te sentaste a tomar un pisco doble, te sacaste las mil máscaras mientras te desgranabas cada pedazo de tu piel. Las mesas sonreían y tú seguías en el mismo lugar. Eras una boca rota estancada en plena ciudad, sin voz. Callada sin nada que explicar. Rozando las sábanas de cada silla estancada frente a ti, ibas disparando una a una mientras tecleabas  velozmente. Ellos no sabían que estaban muertos, tú los sepultabas y ellos seguían sonrientes. Arremetías con fuerza en las esquinas, rompiendo candados violando nombres figuras sistemas. Ellos sólo te miraban.
Te paraste perpleja, cerraste los ojos, volviste a reiniciar las imágenes, los cuerpos falsos, las mentiras, las cruces en el aire, sonó el timbre acabó tu tiempo en la cabina, tenías que marcharte afuera, camino a tu casa como todos los días de tu vida.

Etiquetas: , , ,

4.9.11

Osmosis

Hoy les dejo una entrada distinta, interior. Y una música  al final de la entrada que espero lean y escuchen a la vez.

“Si algo me dolió…, fue que borraras mis caricias de tu pelo naranja.…
recuerdo que en una época tu pelo fue azul, y parecías de juguete...
Y a mí me gustaba jugar a vestirte y desvestirte, y mordisquearte… Al borrar mis caricias de tu pelo naranja,
fue como si borrases el tacto de tu pelo naranja de la aureola de mis dedos. Y ahora sólo son dedos vacíos,
como agujeros negros que han engullido tu tacto, y ya no lo recuerdan. Mis dedos hacen memoria en otros cabellos,
en otras pieles… algo me dice que no tienen aquella caída tan especial de las tuyas…”
Vera Eikon



A Luna, mi hija








No eran los blues que escuchábamos palmotear en el cuarto de Hoboken al amanecer ni los cantitos de los negros al subir al subway. Era la corriente fría que dejaba el invierno metiéndose entre los huesos. Poco a poco resbalándose armoniosamente entre nuestras partes, reduciéndonos a uno. Y en un ovillo latía el desarraigo, la lejanía y la crudeza del invierno.

Obsesivamente arreglaba cada pedazo del lugar y fútilmente revisaba cada pedazo de noche de tu cuerpo, que quedaba entre tus sábanas rojas ya ajadas por una vieja lavadora que giraba durante doce horas intermitentes. Al amanecer revisábamos libros de poemas y viejas películas japonesas que descubrían parte de nuestros antojos más oscuros y reíamos tratando de descubrir quién era el asesino.

El insomnio partía la noche y mi mente creaba historias con espacios de tiempo mientras escuchabas un blues tomando una cerveza. Las migajas del cuerpo se partían entre tus dedos, pero sometidas al antojo se cubrían de aromas entre las sombras espalda con espalda en una breve cama que soportaba la noche. Mientras la luz atada a la esquina se caía intempestivamente a cada momento.

La nieve tocaba nuestros oídos muy tarde entre la bruma y nuestra soledad partida entre sueños. Y juntos empujábamos un carrito para hacer las compras. Recuerdo el día de la inundación que tuvimos que girar para dar la vuelta y acabamos tomando un tren de vuelta sin retorno. Las huellas han quedado disueltas en el aire al llegar el verano y se enfrían ahora por la lejanía. Y las cartas vienen y van esperanzadas pero partidas, casi vacías. Amabas la ondulación de mi cabello y mi canto en tu oído. Sin embargo, fluctuaste el sistema planetario, interrumpiendo la cadencia extraordinaria del sonido que siempre nos acompañaba. Ahora está vacío el aire y los blues ya no golpean nuestras ventanas.

Tus manos tienen memoria, las mismas que ondularon las formas abultadas de mis pechos y desarmaron el engranaje que fusionaba nuestros espíritus. Luna brotó asombrosa ante mis ojos, palpitando en mi cuerpo, cantando los blues de nuestra locura. Nació frente al escarnio y la soledad. Su cuerpo tenía memoria, se movía al compás del blues de tu espíritu junto a mi locura.

Ahora giro y doy la vuelta, al revés. Leo tus cartas de enero dónde pedías que no te olvide porque un gran desasosiego inundaba tu vida. Ahora que sigo girando veo sólo humo que vuela y quema las paredes. Ahora sólo quedan dedos vacíos como agujeros negros que revientan en nuestros cuerpos.  Y la luna mirándonos destaja nuestra memoria pedazo a pedazo.

Estoy cansada de buscar a Luna entre mi cuerpo y recordar que no está. Sólo queda los blues de esas noches de Hoboken arrastrándose entre nuestros sueños, tan únicos. Donde Luna espera que algún día regresemos a recorrer como el último día que recogí tus últimas cosas. Ella estaba mirándome y creo que sonreía.






Etiquetas: , , , , , , , ,

12.8.11

El reflejo del Otro

Para Víctor, mi padre,  aunque no sepas quien soy, yo sé quién eres tú
La realidad es un personaje siniestro disfrazado de ficción. Quién puede contar los enigmas que hay dentro y desdoblarlos, volviéndolos armar cientos de veces.  Calibrando el sistema en funciones sistemáticas donde el silencio quede vano, solo, mudo perdido al fondo del cuerpo.
En Lima las vidrieras son sinestésicas y rutilantes podemos ver nuestra imagen cerrarse entre los elevadores y crujir dentro de un baúl. Nos vemos entre la marea cabalgando entre un mar de gente, rutilantes, apacibles, perdidos entre miles de cuerpos extraviados como moscas dando tumbos, una amalgama viviente de sombras.
Podemos recrear el edema de sin sentido entre la recogedora de basura y la vecina que atesora bacinicas, fierros, latas, vidrios, y un sinfín de desperdicios como si fueran los últimos tesoros del inca. Ver los territorios que vagan entre las multitudes acogidas ante el desencanto de la muerte. Que las espera, ellas esquivas, no la escuchan porque están escondidas bajo el templo del olvido.

Víctor se pone de verde y piensa que puede sumergir olas entre las paredes. Contagiar cantos y robar sermones en una caja de cartón. Se viste una y otra vez ante el hartazgo de sus mañanas ya aburridas ante la quimera. Resistirse es inevitable, lo hace cientos de veces desde que se levanta. Se mira al espejo y ve al trasluz el reflejo de su cuerpo enmudecido por los años de fatiga. Acondiciona al tiempo e inevitablemente corta la raíz de su memoria. Donde se perdió el cielo antes de llegar al infierno. Mira la ventana y traspasa el miedo, volando entre jirafas amarillas a través del viento. Sonríe y conversa con el otro, tú que estás escuchándole y no comprendes su lenguaje.

Lima se pierde en su cuerpo, robándole el tiempo. Rutilante gesticula palabras incomprensibles. Tú ves al hombre haciendo girones en el aire, palpando las paredes, hablando con una suerte de fantasmas y te preguntas qué hay en su mente. Y te pierdes en la oscuridad del Otro desde tu mirada, pero en la suya los relámpagos serpentean sus recuerdos y brillan dentro con su propia luz interior.



Después de muchos problemas pude entrar a blogger,  no me autorizaba a entrar a escribir. Por fin pude entrar. Gracias por la comprensión. Casi 2 días no pude, a veces me permitía y otras no.




Etiquetas: , , , , ,

6.8.11

Fantoche


Giró y dió la vuelta en un sólo movimiento. Y susurrando le hablaron al oído  girandole su cabeza.. Volteó el torso, oscilante, se estiró y se alargó tantas veces que parecía que estuviese en el aire. Las risas alrededor siempre eran fuertes y estridentes.  Para terminar en una arista cerca a la ventana en posición frente al mar.
Decidió cambiar de posición. Era necesario claudicar ante la monotonía y  romper el vestigio marcado de diario pararse, hablar, levantarse y reírse cuando no pensaba ni quería hacerlo.  Resolvió presentarse a sí mismo frente a su público sin nadie que lo controlara.  
Por eso, esa noche se cambió la corbata, abrió el cajón que tenía debajo la cama y lo dejó allí para siempre. Salió al escenario ante las miradas turbadas del público y se presentó a sí mismo. Pestañeó repetidas veces y girando su cabeza con rapidez de noventa grados hizo un par de gestos. Era su momento,  ahora le tocaba al hombre dormir.




Después de leer la entrada del blog de Javier, me vino este relato a la cabeza,
http://janpath-broadway.blogspot.com/2011/07/jose-luis-moreno.html






Etiquetas: , , , ,

19.7.11

Intrusión

Que los dioses emerjan del cincel que ordena la piedra y recurran al sacrificio, podría ser una frase enigmática, al final sólo es el encargo de una tribu. Y los dioses sólo reflejan el karma, ya establecido en el cosmos y organizan esa energía invisible que emana en el tiempo, debido al comportamiento de la personas. Podría ser una concatenación de ideas, la sucesión de hechos encadenados uno tras otro, que dependen de un surco estigmático que deniega nuestras circunstancias abyectas o inimaginables a la orden de una mínima especificidad.
El aire sacudió las cortinas y las elevó de tal manera que semejaba un dosel. A la sombra toda forma es un ente. Ella escuchó su nombre y al voltear sonó un ruido chirriante que le cruzó el occipital y terminó atravesando la pared a una velocidad que se mezcló entre danzas y festines que a lo lejos daban los jíbaros* que ella tanto apoyó con sus curaciones y estramonios. La noche caía de bruces y él supo que podría extender su universo y sonrío. Por unos segundos la observó y sintió una jaqueca que le perforó el cerebro y un dolor de oído extremo.
Cuando llegó a Lima sentía una migraña ensordecedora que lo empujó a visitar a un par de médicos. Seres que nunca pensó indispensables, sin embargo, allí estaba esperándolos. Se hizo un par de análisis y después de comprar sus medicamentos se retiró a descansar. Sabía que en un lugar tan alejado de la amazonia, jamás llegaría ni por un ápice a ser descubierto. Así que dio por sentado y hecho que era dueño de todo. Y así pasaron los días y ninguna noticia, hasta que lo llamaron y le avisaron que su esposa había fallecido a causa del disparo perdido de un cazador.
De repente, un halo helado golpeó su cuerpo y se estremeció, estaba sudando frío. Así que inmediatamente llamó al hospital. Al abrir los ojos le avisaron que acababan de hacerle una operación de emergencia, que había tenido un tipo de parásito similar al tamaño de la pulga dentro de su oído. Él sintió alivio y preguntó si podrían darle de alta en el hospital, ya que tenía que viajar prontamente al extranjero. El doctor le dijo que llevaba tres días inconsciente y que habían hecho algunos estudios sobre el insecto y que era hembra. Y que dicho parásito se reproducía cada doce horas y que daba alrededor de cincuenta huevos.
A la semana, se escuchaban los ritos finales, todos se aglomeraron alrededor de la encomienda, abrieron la caja y allí estaba la cabeza, la mantuvieron sumergida en el agua durante 15 minutos ya que si lo pusieran más tiempo pudiera ablandarse demasiado. La sacaron del agua y ya era la mitad del tamaño original. Rasparon la piel por dentro para sacar los últimos restos de carne y cosieron boca y ojos. Y lo pusieron en exhibición como trofeo. **
Por otro lado, dice la historia de los jíbaros que los bien amados son llevados al pie del cielo, y para ello deben subir muy alto para dejar sus restos como ofrenda. Los brujos soplan sobre la figura para enfriar el cuerpo, para darle nuevamente la vida y extender sus restos sobre la tierra. Y así ella fue llevada entre cantos y furias por el altar de los dioses emergentes del alma.


* Los shuar (también llamados jíbaros) son el pueblo amazónico más numeroso. Habitan entre las selvas del Ecuador y Perú. Los conquistadores españoles les dieron el nombre de jíbaros.
** Los jíbaros cuando ganaban una batalla reducían las  cabezas de sus enemigos.




Etiquetas: , , , , , ,

14.7.11

SIGILO

"La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado,
sino precisamente, porque la quiso.”   Milan Kundera (El libro de la risa y el olvido)


Este texto está dedicado a
mis amigos
Diana, Gabriela, Julio, Morgana,
Estrella, Emma, María Luisa,
Yure Guillén y Gargola.


Le pegaron casi hasta matarlo, cada golpe era el recuerdo de cada calle, avenida, esquina donde él la beso. Cada recuerdo era un dolor más, sobre su cuerpo macerado de un alma partida en dos. Un alma que se había vuelto una contradicción y que gritaba delirante ante la locura. Al voltearse se encontró cercado y supo en ese instante que no había salida.

Se sentía el intenso aroma desde la vereda. A pesar del vaho penetrante de la calle, podía atisbar la piel que se deslizaba a través de la ventana, entre los barrotes oxidados y los vidrios sucios. A oscuras, la casa brindaba el silencio de esos viejos solares resquebrajados por el tiempo. Ese recuerdo de algo que jamás podría quitar de su memoria. Atravesó el corredor que daba al vértice de la calle, sin quitar los ojos de la ventana, esperando cualquier indicio de existencia. Encendió un cigarrillo ante el desvelo de esa noche y se acopló al grupo de la tienda, esperando un vistazo desde la abertura del segundo piso.

La reja entreabierta daba una invitación al solar, las luces revoloteaban desde el fondo; inquietándolo a penetrar directamente por los estrechos pasadizos que daban al apartamento. Pero sabía que si entraba se perdería, no era fácil deshacerse de ese embrujo extraño que lo estaba atrayendo hace un par de meses. Sabía que era cuestión de tiempo que sus aliados de jolgorio, descubrirían sus entuertos y estaría perpetrado para siempre en la cárcel justiciera de los hombres verticales.

La vio al cruzar la calle de la estación del tren, podría ser casualidad que esa noche saliera tarde de trabajar. Supo que al seguirla cambiaría su rumbo vital. Y ese día sentía hambre de sueños. No era el momento de amilanarse ante los detalles y se lanzó al encuentro de ella, sin saber a dónde iba ni por qué. Se encontraban en la misma línea del tren, a lo lejos la máquina venía y pudo oler su agitación al sentir la velocidad que raspaba su halo cercano y escudriñar cada cabello ante la fuerza de la máquina.

Respiraba de tal modo que sus pechos se elevaban ante la mirada de cualquier hombre que estuviese cerca, no importaba a que estipendio pertenecieran, unos eran por deseo y otros por escarnio encubierto. Pero estaban examinándola siempre por ese ángulo externo del ojo.  Podía haber sido ese día, cuando se quedó clavado en un punto que se estiró hasta ser una sonrisa; al levantar la vista se encontró con unos ojos que se achinaron sutilmente al encontrarse con los suyos. Volteó el rostro de tal modo que pudiera soslayar sin ser sorprendido. De vez en cuando despegaba la vista del diario para captar cada acción desarrollada por ella. Al llegar al paradero final, él se acercó, cuando de manera repentina ella giró y le pidió su diario. Él se quedó en estado catatónico, ella se lo arrebató y revisó la parte C; levantó  las cejas y se arrojó encima de él con tal fuerza que lo hizo trastabillar y despertar de su letargo. Ella lo cogió del brazo y lo llevó casi a jalones por las escaleras que daban a la calle.  El vaho del viento les congelaba el rostro, de tal manera que parecía impulsarlos uno contra el otro al avanzar cada paso. Sin hablar se refugiaron en un cafecito oscuro. Nadie lo había avasallado de tal manera; extraviado  por el aroma de una mujer desconocida.

Se sentó en un banco, que le dejase ver directamente la ventana, esperando que ella saliera a otear por el marco de la vidriera, pero no salió. La pregunta era que esperaba realmente al verla en ese momento. No podía hablar con nadie al respecto. Qué podrían entender de sus deseos más perpetuos.  Un  golpe de oreja lo hizo voltear hacia atrás: “¿Qué miras con tanta insistencia, no sabes que allí vive la Lilít?”, no lo negó, sólo cambio el rumbo de su mirada y empezó una conversación sobre nada y todo lo necesario para reirse un buen rato sin motivo alguno. No era casualidad ese momento, todos juntos en la misma ciudad. Una ciudad expectante, marcada por el recuerdo de los que quieren olvidar, y el frío te destroza el alma, te marchita el corazón y te endurece. Pero Lilít  mostraba esas carcajadas crujientes nunca impostoras. Él supo desde esa tarde que la vio subir al tren que quedaría atrapado en su memoria. Cuando ellos por fin decidieron partir, el dobló la cuadra; un par de bromas, un cigarrillo por allá y un hasta mañana. Cuando ya estaba a media hora de la despedida, regresó por la espalda del solar y subió por la escalera de atrás, trepando por el alfeízar  apoyandose en la cornisa.

Hasta que sintió una mano que lo jalaba hacia adentro, al penetrar a la habitación sintió su aroma que flotaba en el ambiente que lo rodeaba paralelo a un efluvio incandescente. Sintió el temblor ante la humedad de su cuerpo, quería morder la pared para no tocarla, podía escuchar sus latidos rozando su pecho, frotándose, cerró lo ojos para aspirar la humedad de sus labios y sus manos delinearon su cuerpo, dónde su risa estalló cual rugido invadiéndolo todo. Era innegable que la soledad tiene sus bemoles en lo evidente, no obstante, quería cerrar los ojos y creer lo que quisiera con sólo sentirla. Quería ser transportado a ese efímero contraste entre lo étereo y lo absoluto. Pero eso era imposible, la realidad estaba frente a él; en las risas de sus amigos y ese pensamiento lo absorbía como una inyección letal.
Por eso cada golpe, era recuerdo de cada mirada, una sonrisa abierta, un antojo y una espera frente a la ventana. Sentía morir por la rabia de no poder gritar la ignominia, el desarraigo y incomprensión de sus amigos. La evidencia de ser vulnerable ante lo irreversible. Lo funesto del dolor interno que te embarga hasta la asfixia y ya no sangras. Cuando ellos lo cercaron sabía que algo iba ocurrir; esas risas maliciosas, sus manos y el hedor que desprendían cada uno de ellos. Podía ver su cuerpo desde arriba, insoportable y apestado por otros, inerte como cuando ella se le avalanzó por primera vez a los brazos, cuando se reía a carcajadas y descubrió que eran lo mismo y se amaron.
Cerró los ojos y no supo más.




Asimismo le dejo también un premio a su talento
Diana,Julio,Gabriela, Emma, Estrella, MaríaLuisa (mamamia),
Merché M, Yurena G, Morgana, Gargola.

Gracias a mis amigos que me apoyaron apenas entré a la red, 
y a mi nueva amiga Merché Marín (por darme el blog de Oro).
Y a mis amigos de la red que fueron a la presentación: David Cotos, Fanny Jem, Ludobit, Pierrot, abatido por las estrellas y Esteban Boz. Gracias por acompañarme esa noche
Les dejo un premio a mi estilo :) muy personal.
Hay tanta gente maravillosa, besos
Esto es para ustedes, les doy dos modelos para que se lleven el que más les gusta :)

Etiquetas: , , , , ,

30.6.11

Altura


Peña alta al borde del abismo, donde miles de cruces asoman, puedo atisbar el horizonte más lejano que da directo a un peñasco cerca de la cresta de la nada.

Me tracé por años la meta de treparla, por ello viajé a Cantabria para poder concebir el nacimiento de los montes emergentes más etéreos que podría concebir mente humana. Por ello, cuando llegó el momento del bendito viaje. Asumí que todo lo esperado estaba a punto de comenzar,  la aventura de mi vida. Todo fue hecho con mucho sigilo, incluso las recomendaciones del doctor fueron realizadas. Las expectativas de este viaje eran tremendas y cada día era una gran espera. Las voces revoloteaban alrededor, la familia presurosa que llevara cámara, agua, todo lo necesario. Estaba tan cansada con el ajetreo que mi marido se ocupó de ciertas banalidades, como mi equipaje y que cada cosa debería estar en su lugar.

Cuando partí me sentí como una niña que se aleja por primera vez, a pesar de tener a mi lado alguien incondicional que calladamente soportaba mi gran temperamento. Me dio un fuerte abrazo y me recordó cada minucia del viaje y que el mapa estaba dentro de mi vieja chaqueta beige.  Lo único que no confiaría a nadie: trazar caminos. Como buena escaladora controlaba mis rutas y trazaba con colores específicos mis márgenes algo que no podría hacerlo en absoluto nadie, menos mi esposo que era bueno pero de ninguna manera inteligente.

Subir, subir y subir con el aire golpeándote el rostro, podía sentir la adrenalina que recorría todo mi cuerpo llenándome de excitación y empuje. Me sentía dichosa al bordear esos abismos como si retara al mismo diablo. Crucé por horas los montes. Sin embargo noté dobleces de ruta. Que no deberían existir según lo planificado, ya que tenía que llegar antes de oscurecer al primer peñasco. Busqué mi mapa y allí estaba, no los recordaba pero si estaban puntuales dentro del papel. Así que seguí cuesta arriba. Se hacía más tarde y se torcía el horizonte por la ondulación del cerro. Sentí sed y abrí mi segunda botella pero la sentí agria hasta medio rancia. Pensé que era mi boca seca que tenía un gran amargor. El sol le cayó de lleno al mapa y pude ver unas breves letras que no conocía y así que saqué mi lupa y pude leer “copia fiel del original” mire de cerca mis marcas y descubrí que los matices no pertenecían a mis plumas.
Sentí mareos y cansancio, incluso algo de temor. Mi cuerpo me vencía y  únicamente podía pensar que no era posible. “¿En qué momento lo planeó?”. Sabía que estaba perdida; que había bordeado la peña pero del lado reverso, a la nada. Donde hay un precipicio y miles de rocas me abrazarían. Mi cabeza estallaba, estaba a punto de explotar. “Sólo tuvo una hora” pensé.

Nunca noté que era tan listo, lo hubiera amado tanto.






Etiquetas: , , , , ,

21.6.11

Caleidoscopio

“El mundo tiene un círculo que comienza entre tus piernas.
Y termina en tus ojos.”
Mixha Zizek

a Lila Zemborain, con el cariño de siempre
Ella tenía los ojos más centellantes que podía poseer alguien sobre la tierra. Cambiaban de color según la estación,  eran de esos que te siguen desde el ángulo que los vieras como esos retratos 3D. Cuando la vi subir al autobús, supe que no había nada más extraño que esa mirada. Al llegar a la 179, entré al subway y allí estaba nuevamente a punto de subir a la F. Se sentó a la otra esquina. Y pude adivinar su olor casi a hurtadillas, por entre sus piernas. Bajamos en la 57 y al cruzar la avenida la vi desaparecer entre la gente.

Sus ojos se volvieron mi obsesión. Esperaba a que llegara  y subiera al bus para después entrar al tren; incluso un día demoró tanto, que llegué tarde a trabajar. El verla formó parte de mi quehacer diario: el esperarla y dejarla partir sin hablarle. Comencé a conocer cada vestido, zapatos, lunares o leves estrías que tenía en su cuerpo. Con sólo verla podía intuir si estaba de buen humor o de mal ánimo.

Esos ojos me persiguieron por dos años, hasta que decidí que era suficiente y pensé que lo mejor era cambiar de rutina, algo que me hiciera olvidarla. Pero me fue imposible, hasta que por fin pude resolverlo. Es por ello, que ahora me siento mucho más tranquila, incluso puedo leer alguna revista para no aburrirme en la ruta. Cuando me entra la nostalgia,  voy a mi cuarto, abro el último cajón de mi viejo armario,  y veo sus ojos que me miran imponentes desde el fondo de una cajita de jabón.

(y sigo usando el elemento ocular  :)   







Etiquetas: , , , , , ,

16.6.11

Corte


Un ojo observaba, se mecía, impávido ante lo innegable se abría como una capsula encendida en el despegue. No había posibilidad de detener la escena, no estaba preparada para ese  momento.

Hacía mucho tiempo que ella buscaba la esencia, las forma impecable que mostrara la luz de su nacimiento. La curvatura perfecta de la formula humana, por ello, ansiosa averiguó todos los lugares posibles que pudieran transformarla en la diosa que ansiaran los hombres. Encontró el lugar preciso a sus demandas y sin ton ni son concertó una cita después de una rápida observación. Al llegar el día, estaba excitada porque el futuro se abría cual averno frente a sus pies y emocionada dio el paso definitivo para darles todas las facilidades a los doctores. Le explicaron las dos formas posibles y que deberían ser cuidadosos en todo aspecto. Lilia sólo movía la cabeza aceptándolo todo.

Se sentía frío en la sala, aún le dolía la cabeza por la anestesia. Sentía las voces y las risas a su alrededor, los comentarios de las personas que parecían estar en la sala todavía. De repente sintió un hincón terrible como una aguja hirviente penetrando a su costado y agua que destilaba  entre sus axilas. Las enfermeras reían con las bromas de los doctores. “Que sus senos eran demasiado flácidos y que harían magia para volverlos a su lugar”. Ellas reían mientras un doctor sacaba la grasa y creaba un nuevo hoyo para poner nuevamente el pezón. El más viejo miraba la válvula e indicaba que desollaran la piel que quedaba y que tiraran del hilo para mantener la unidad de la dermis. “Se siente muy blanda todavía la piel” dijo el otro, “hay que extirpar más tejido”.

Un par de lágrimas cayeron de sus ojos, quería gritarles decirles que paren. Pero ellos seguían como si nada. Las pupilas observaron: cada jirón arrancado y cada pedazo de piel humeante cercenado por el laser. El dolor era intolerable, pero la voz no salía como una pesadilla en cámara lenta. Expuesta ante el antojo de sus peores delirios, sentía su piel ser despellejada, desgarrada, seccionada, tajada y cercenada. Hasta que la enfermera advirtió que la presión estaba demasiado baja.
 Y su figura sintió como la belleza se escapaba ante su rostro enmudecido.  Donde petrificado el cuerpo, inmóvil esperaba hasta el último corte.




Etiquetas: , , , , , , ,

24.1.10

La creación del solo

El devenir del arco tocando notas flotantes a través de mi oído, me hacen recordar la visibilidad de los cuerpos imantados como una simple expresión de la naturaleza. Y siento la invención de los universos que buscan resurgir en la creación de la mente humana.
Hace un largo tiempo que dejé de escribir en el blog, se juntaron muchas casualidades al mismo instante y tuve que sacrificar mi arco y dejarlo dormir por largo tiempo tal cual este blog. Ha pasado un par de meses y sin embargo al revisar me encuentro con la constancia de mis viejos amigos bloggeros que transitan por este espacio virtual.

Estoy escuchando a Bach, suite 1, el favorito de Yurena una gran escritora amiga mía. Y puede uno sentir la armonía del arco, las cuerdas y los afinadores en cada vibración del instrumento. De ese modo la palabra brota en nuestras manos en la pluma que utilizamos diariamente.
Al llegar el fin de año decidí darme una vuelta por la ciudad y ver el acontecimiento de los tiempos. Extrañamente llegué por 84 st en Manhattan y decidí ver los fuegos artificiales, pasando por el parque donde John Lennon pasó alguna vez y quedó estampada una canción. Los colores eran fantásticos no podía dejar de verlas, eran similares a una pintura abstracta que parecía girar a través de un caledoscopio. Pensé en dejarles un par de imágenes. Eso me llevó a recordar la exposición de Kandinsky the collection en Guggenheim Museum de NY, y pensé posiblemente Kandisky se ha recreado de estos colores en su soledad y ha plasmado infinidad de contrastes inimaginables en sus lienzos y se ha preguntado si el fuego tiene aroma a través del color o si el cielo rompe su ostracismo al caer la lluvia al amanecer. La naturaleza única crea lo imposible ante nuestros ojos e igual que Kandisky, la genialidad humana utiliza sus elementos para hacer posible estas visiones.
Hace unos días fui a una gran exposición de Samurais del Metropolitan Museum, me pareció increíble realmente muy buena. La fuerza de sus expresiones, las armaduras, la cultura que los envuelve haciéndolos cada vez más lejanos, no obstante, tan únicos y modernos. Noté que la fibra de sus ropas era de plata, bronce, platino y oro casi como una piel. Y sus espadas y cuchillos mostraban sutilmente la personalidad de los hombres que las portaron, sea por el color de su empuñadura o por las piedras coloridas impregnadas en el metal o por la forma y tamaño de estas armas. Eran totalmente distintas y al mismo tiempo mostraban una suerte de unicidad todas ellas.
Retomo nuevamente a Bach y dejo el encanto que da la creación en su expresión más solitaria. Esa visión que tenemos al sentir, ver, escuchar o leer algo realmente leve, que te rasga la piel como una hoja al caer; haciendo estallar completamente todo tu cuerpo sólo por el sentir de la hoja. Eso es el arte que nos maravilla. Como la nieve se estacionó hace unos días en las calles, en los carros, en las ropas, en los pliegues de los abrigos, entre nuestras lágrimas que caen solitarias confundiéndose en su elemento.
Definitivamente los hombres crean artificios únicos. Podría ser las lágrimas de nieve y el cielo un cuadro abstracto de Kandisky.
(La pintura que se encuentra en esta entrada se llama Improvisación y la primera fotrografía es una toma de las muchas tomas que tomé esa noche de fin de año)

Etiquetas: , , , , , , , ,

1.10.08

Juegos de poder

Tiempos en que mueres de inanición sino tienes un celular en la mano. Los hay de todos los modelos, colores, sistemas y formas de pago. No hay que negarlo es el gran invento, el deleite de los dioses como siempre dice un gran amigo mío. No puedo negar que la tecnología me atrae como a muchos mortales de esta tierra. Porque mortal sin celular: extraterrestre. Pero por ahí no va mi interés.

Hace unos días regresé a mi primer hogar americano la 63 de Lexington, se respiraba tranquilidad y las calles en la madrugada se veían desoladas y algo taciturnas. Algunos paseaban a sus perros, alguna pareja hacía devaneos detrás de un árbol, pequeños bares aún seguían abiertos y alguien por ahí esperaba que apareciera un taxi. Caminar sin hablar por esas calles con el viento en la cara, me daba una sensación de serenidad, soledad y poder. Aisha me acompañó en mi silencio, como nunca muda, a veces me daba la impresión que estaba sola. Caminando bajo la garúa, me sentí como los perritos que sacan la cabeza por la ventana de los coches para aspirar el aire. Hasta que se dio el primer ring, después vinieron dos o tres más. Aisha tuvo que contestar inmediatamente. Ya pensaba protestar acerca de ella, cuando sonó el mío. Y extrañamente sonó el celular del hombre viejo que esperaba taxi. Los tres sonidos a la vez, me pulverizaron en un instante. Y comencé a reírme como una loca, Aisha me miraba azorada, su rostro pasó por cinco gesticulaciones consiguientes. No puedo negar que el timbre del celular es poderoso me robó mis silencios y mi serenidad, sin embargo, me devolvió la sensación de control. Un pequeño aparato defectuoso que es el mío. Mi celular siempre está de malas, nunca funciona. Pero ese día gritó como diez veces.

Tal vez en sus inicios sólo fue creado para hablar, pero lo maravilloso de este pequeño tiranito: el celular, es que también lo usas para hacer mensajitos de texto. Muchos prefieren escribir que hablar. Entre esos me apunto yo. Se solía decir que el papel aguanta todo, ahora sería y Dios creo al mundo y al celular con mensajes. Aisha y yo entramos a un cafecito español y tomamos unas tintas secas para que venga Morfeo y nos lleve. Había como seis personas de las cuales dos hablaban por teléfono y tres se reían solos escribiendo mensajitos y el sexto estaba dormido en una silla.

Mensajes van y vienen. Para retornar a los mensajitos, ese incidente me hizo recordar que al iniciar agosto tuve que ir a Hokokus en NJ, y tomar el tren que va a Paramus. Un viejo tren que parece sacado de una película de los años 30, un viaje de unos 45 minutos. El tren iba por aire y podía atisbar el gran paisaje y los varios celulares que sonaban y las muchas voces que hablaban alrededor en diferentes idiomas. Unos reían o discutían. El poder del celular, es innegable. Hasta que prendí mi celular y me encontré con llamadas perdidas, dos voice mails y dos mensajes. Pero no quise hablar con nadie y decidí escribir algo para alguien que se encontraba lejos. Para escribir el dichoso mensajito me tardé todo el viaje, porque mi celular se colgaba y nada. Al final lo terminé, y aquí se los dejo. Lo gracioso es que nunca lo envié, y creo que hubiera quedado en tres partes, como hace poco alguien me comentó acerca de un mensajito que le envié porque era muy largo. No lo puedo negar los silencios están escritos en mensajitos de texto.
Como este mensajito que les cuento que escribí en el tren:

Mensaje de texto
(en un T- Mobil defectuoso)
Para D.
te extraño
limpio sucio roto organizado descompuesto tibio frío fastidioso tierno
hosco aprovechado lujurioso extenuado sonriendo entristecido cabizbajo
fumado borracho preocupado dejado renegado altanero egocéntrico divertido
exagerado detenido arrechado imaginado excitado apasionado impresionado agitado irritado impúdico lascivo voluptuoso pensativo activo cansado atareado ocupado disponible incitante crédulo antojado hambriento malhumorado inconsciente engreído
solo
perdido
entre mi cuerpo

Etiquetas: , , , , , ,