octubre 04, 2009

Vigilia

Estoy medio pedida en el tiempo. Sentí como se modulaba a través de mis palabras, mi cuerpo y mi espíritu. Sentí el estigma de no pertenecer al espacio que habitamos y fracasé en mi intento de volar. ¿Será necesario ejercitar mis alas?
Soñé con una araña que se mecía en su tela, me quedé prendada de su estirpe y su holgura. Formé parte de su pelos, ansias y me perdí en su eternidad disoluta. La araña fue atrapada en la decadencia de su tiempo y está a punto de fenecer. No recuerda quién fue y si formó un linaje que perpetrara su especie.
Es más simple hablar de una araña que de los seres humanos. Sería incluso más fácil planear de cuerpo entero esquivando cerros y rascacielos. Una chica de once años cogió sus alas, surcó ventanas, paredes y techos sucios para aterrizar entre el pavimento y la vía. Sus ojos cerraban la etapa de un sueño perdido en algún lugar que nadie supo descifrar. La incógnita del tiempo a la búsqueda de un viento seguro. Sin ubicación ahora es Jane Doe, en el perímetro del sentido del grupo de investigación. ¿Jane, habrá encontrado la distancia perfecta para volar y sentir el viento? Su sonrisa quedó plasmada entre lágrimas y suciedad, sólo un nombre: Jane Doe. El rótulo que dan a todas las Janes extraviadas sin conocimiento de ser.
Sólo un minuto de aclamación y Jane Doe con los ojos impávidos frente al universo, preguntándose ¿quién es Jane Doe? Y un mar de pájaros rasgando su impunidad diciéndole “Nunca más” a la manera del cuervo de Poe. Jane clavada entre los precipicios esperando una respuesta que nunca llegó. Jane sola abrazada en la vereda sonriendo con la mirada hacia todos. Cuando pasé cerca a ella, sentí que me penetraba esa mirada entre lágrimas sucias y casi por un instante me pareció ver un leve movimiento. Jane será enterrada junto a su rótulo y fabularán estirpes que designen su nacimiento. Ahora mi sueño se convirtió en araña y te llama Jane. Su tiempo de tejer terminó y el tuyo Jane nunca empezó. Dime Jane ¿es posible volver para tejer rascacielos? Estoy segura que regresarás volando y la lluvia chispeará tu nombre perdido entre el graznido de los pájaros negros.

In memorian de todas las Jane Doe.

mayo 15, 2009

Apuntes subterráneos / Benedetti

Aqui hay dos entradas ]

Apuntes subterráneos

Todos nuestros demonios se han escrito en tinta, sin buscar el color necesario han sido grabados en nuestra existencia. Con el propósito de llevar nuestros pensamientos.
Mirar los cuerpos a través de la ventana creada por la mente de otros. Podrían ser imaginarios y sellar el origen de cualquier recuerdo o hundirse vanamente en la nada. El vacío del carril a las 2 de la mañana, me hace sentir un estupor y una soledad extraña. Es tarde y casi no hay nadie en el tren. Las ratas van y vienen entre las rieles, me dejan pensando que son tan minúsculas y desean ser libres. Podría confundirme entre estos pensamientos. La anonimidad de los cuerpos en este paraíso subterráneo. Alejaba mi alma vigilante y me convertía en un simple cuerpo sin pasado y sin memoria.
Se podría decir que estoy pasando una etapa de reconstrucción creadora y personal. Es una época de decisiones muy diversas (me imagino como muchos de ustedes). Veo alrededor las paredes que cierran un ciclo, una etapa de cambio. Para dar paso a las líneas, que traspunta entre mis dedos, leyendo un libro de Kundera. Se quedan muchos de sus pensamientos en mi memoria.
Puedo recordar que estuve en una presentación, mejor dicho participé en ella. Escuché diversas opiniones sobre mi trabajo creativo. Podría sentirme bien, sin embargo, mi búsqueda es incesante y va más allá de las palabras. Citaré al viejo Milan Kundera “… al escribir libros, el hombre se transforma en universo y la propiedad esencial del universo es precisamente la de ser único. La existencia del otro universo lo amenaza por eso en su propia esencia.”

No es sólo el reconocimiento, es la búsqueda del tiempo en un universo de palabras. Que va más allá de festejos y burdas reconciliaciones con la otredad. Te quedas como mirando dentro de ti mismo y persistentemente preguntas ¿dónde está la pasión? La escritura no es sólo palabra es más que una sílaba es un universo. La sintonía de una circunstancia hecha palabra que nosotros transformamos al escribirla en una hoja. No importa la pluma que uses si es la palabra correcta.

La pasión en la escritura es mi diario devenir. Debido a estas circunstancias siento y perezco como muchos de ustedes. Nuestro espíritu tiene esos dobleces que emergen cuando delineamos alguna palabra, para decir que amamos mucho y para aceptar que lo inolvidable pueda ser olvidado. Se puede leer como un juego de palabras y si vas más allá como un juego de pasión. Desnudar cada sílaba para regocijo de los ojos, de los que sienten como nosotros.

Y cada palabra dirá una historia que hablará de amor, deseo y ciudades. Cada letra denominará una verdad o una simple mentira. Y buscaremos ser creadores de universos, ante miles de miradas expectantes que juzgarán nuestros propósitos. Y seremos la definición del sentido en nuestra propia palabra.
Será mejor si amamos, será cierto eso?

Unos amigos me preguntaron que parte es de Kundera, asi que aqui indico esa parte con mucho gusto, es la parte señalada con letra negrita. Esa cita pertenece al libro "EL libro de la risa y el olvido".
Lo demás es de mi autoría, creo que queda mas que explicado, un abrazo
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Benedetti: por la memoria de sus versos


No me gusta decir que alguien se fue, sobre todo alguien que sello parte de una época en mi escritura y en la de muchos de nosotros, me refiero a Benedetti. Para los que sentimos su partida, seguirá presente mientras lo sigamos leyendo. Les dejo un poema uno de sus poemas, que me hizo muy feliz en un momento y cuando lo leo me hace doblemente feliz.


CORAZÓN CORAZA


Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu
imagen y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza


porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
y no te miro


porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

abril 20, 2009

De la permanencia del tiempo

Mirar un punto fijo al bordear el sistema, lejos desde mi ventana, en lo más alto puedo creer que tengo alas y volaré hasta desaparecer como un pliegue del cielo. Quisiera estar cerca de mis calles y mis amigos, la lejanía de lo que se ama tiene bordes de locura del eterno retorno, sonará a lugar común ciertas frases pero hoy siento que todo retorna a lo mismo.
Hace unas semanas recorrí el Ferry, con ruta hacia Staten Island, muchos me habían comentado que es el lugar más aburrido de Nueva York. Se trata de una pequeña isleta que se conecta a Manhattan a través de la bahía de NY. Antes solía llamarse Richmond pero a partir de 1975, el
Ayuntamiento decidió cambiar el nombre del distrito a Staten Island. Deseaba cambiar mis rutas siempre giradas alrededor de la manzana y salir a tomar un poco de aire puro fuera de la ciudad, que me cambiara los ánimos y me llevara a contemplar nuevos paisajes. El viaje fue hermoso y confortable en un Ferry gratuito que sale cada hora, cerca a Battery Place un lugar muy poético. De allí uno puede observar la estatua de un ángulo distinto, más de perfil como si se despidiera de uno. Uno de mis motivos fue visitar el Museo Zen de NY, un museo pequeñito y según muchos el segundo más importante después que el Museo Zen del Tibet, al cual puedes llegar después de un largo trayecto. Al llegar a la isla uno toma el bus y de allí uno camina cuesta arriba unos cuantos kilómetros hasta llegar a la cima donde está el museo. Cuando llegué sentí ese aire que te vincula con el tiempo, ese soplido que te toca la nuca como si te hablaran muy cerca.
Toda esta historia puede ser el inicio de un recuerdo. De esos momentos que tenemos como especie de flash dentro de nuestros cerebros y que se abren como la abertura de una cámara fotográfica. Y que debemos cortar para tomar en cuenta nuestra propia existencia y ponerla frente a la realidad. La insistencia del cuerpo que quiere permanecer y está latiendo indestructible ante lo vulnerable. Que se vuelve como bien dijo una buena amiga, sordomudo.
Cuerpos sin voz, sin nada que decir, todos tenemos algo que decir sea como sea siempre buscamos un medio para decir algo a los demás. Así llegué a la 11 de Fulton St. Después de haber recorridos un par de veces sus calles, para por fin decidirme a entrar a ver la exhibición de Bodies. Increíble y fascinante: no hay más palabras para explicar lo asombrosa que es esta exhibición. Uno va penetrando a cada sala y se va sorprendiendo de todo lo que tenemos dentro; somos como un mecanismo que fluye para existir y que podría ser desconectado por un segundo a través del hipocampo, parte de nuestro sistema límbico que constituye un mecanismo armónico que es capaz de elaborar funciones como la expresión emocional y la emoción central. Si este fallara perderíamos la memoria y todos nuestros recuerdos y parte de nuestro sentir. El hipocampo es tan pequeño y está dentro de nuestro cerebro. La sala que más me dejó perpleja fue el sistema nervioso, que gobierna casi todos nuestros sistemas paralelos. Me faltaría papel para decir lo que sentí al ver todo eso. Sin embargo, también me pregunté quienes son esos seres humanos que están frente a mi, desposeídos de su interioridad y exhibidos como parte de un sistema de aprendizaje y me puse a pensar que los seres humanos a parte de maravillosos somos siniestros. Al salir me dirigí a seaport donde esta el puerto donde el viento me devolvió el respiro otra vez.
Esta exhibición de cuerpos reales mostrados con cinismo ante miles de miradas diariamente. Me llevaron a un recuerdo de hace un par de semanas, cuando regresaba de Hoboken NJ de visitar a alguien, eran las 2 de la madrugada y sentía mucho frío. Después de dos trenes, ya me iba por el tercero. Cuando llegó por fin el último tren y subí pero después de dos paraderos paró y comenzó la demora nuevamente. Escuchaba muchas voces, alguien se encontraba tirado en el piso del tren, el olor era muy fuerte y parecía tener como un par de horas y nadie lo había notado hasta que sentimos el olor. Ese olor que arroja el alma cuando se aleja. Es el mismo olor que podría tener la decepción y la desidia si tuvieran un aroma. Que está amortajado como un suave blues inolvidable, en una suave voz a lo lejos, casi perdida entre los ruidos de lo común e inexorable; que guarda el corazón del hombre frente a miles de cuerpos que a veces no comprende.


Las fotografías fueron tomadas por mi cámara, la que está de espaldas en la primera foto soy yo (esta foto fue tomada por A.L.)

marzo 01, 2009

de ángeles y demonios

Los hombres somos seres extraños tenemos días que son variantes de cualquier día y otros que almacenamos en cofres a través de vestigios o boletos de bus. Podríamos poner solemnidad a un equinoccio o reinventarnos ante la puesta de sol. Las mismas circunstancias nos daría el mismo sentido de incoherencia ante los demás pero eso nos haría únicos. Hoy es igual que mañana y sería lo mismo que ayer.
Siempre me he sentido atrapada por la caducidad que representa el río Hudson, eso no es de ahora, viene desde que revisé unas viejas fotografías del río al anochecer, incluso antes de saber que vendría a Nueva York y supe que debería sentir su aroma en mi rostro. Podría decir que así se arman las teorías sobre la homogeneidad del universo o sólo las inventamos para liberarnos.
A veces las distancias son como acertijos que vienen y se cierran concéntricas y oblicuas, de ese modo me encontré caminando hacia Fulton street hacia el puente de Brooklyn y vi de cerca el río Hudson. Era muy tarde, lloviznaba, me paré en la baranda de madera, sentí la fuerza del viento como me arrastraba hacia el espacio y recordé un sueño de la mentira y lo escribí. El viento golpeó mi rostro y supe que todo era una mentira y lloré. Pude comprender porque los dioses sueñan que son pueriles mortales y los hombres sueñan que son dioses porque no quieren ser pueriles. Recordé a Rilke acechado por un coro de ángeles en sus Elegías de Duino extrañamente combatiendo a Blake con sus ángeles legionarios de los abismos y comprendí que ellos tuvieron sus propios demonios pero los convirtieron en ángeles.
La ciudad la siento inmensa y acechadora, pero esa noche sentí su compañía, entre sus calles y sus veredas sentí su soledad tan mía como suya. Sus caminos me llevaron al puente frente al río Hudson. Eran las once y el puente todavía estaba siendo transitado, me maravillé de su equidad para aceptar a todos los que en ese momento nos abrigábamos en su cuerpo y pretendí comprender la indiferencia de los seres humanos. Y supe que era nada en la instancia del tiempo, nada en lo conspicuo del otro y no quise saber más. Porque lo eterno no surge hasta que lo buscamos es así que navegamos en lo efímero y en la nada. Tiré una hoja y flotó hacia el río con mucha cautela balanceándose, en buena forma tratando de ser amada por el viento para que no la rompa pero igual se desintegró.
Entonces recordé las palabras de Rilke, quién me oiría si yo gritase entre ángeles ...entre gente que sólo se ve así misma. Pensé qué es el perdón, y Blake me dijo es el abismo de los hombres que no aman. Me fusioné en el combate de esos versos y comprendí algo muy simple que sólo perdonan los que aman. He amado mucho y no me arrepiento de ello.
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Tomo en instancia a Rainer María Rilke de su libro Elegías de Duino y a William Blake de su libro El matrimonio entre el cielo y el infierno, dos poetas de los cuales tomé sus versos, y se los dejo en cursiva.
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enero 31, 2009

En el nombre del padre

La soledad es una gran barcaza llena de locos donde todos reman al revés, donde te quedas sumergido y das la vuelta contra la pared. Estos son los estigmas que me permite ignorar la existencia de la creación, sin embargo, persisto en ella. Al regresar nuevamente a los puentes, subterráneos, calles y ventanas del metro donde veo cruzar velozmente los paraderos de cada avenida, calle o músico errante. Ante el bamboleo del letargo y el frío que abruma, me hacen recordar lo inocuo que es estar perdido en el olvido y lo efímero del tiempo que se escapa entre nuestros dedos, sin siquiera percibirlo. He sobrevivido a la noche y aquí persisto ante el recuerdo inagotable del cualsea de donde viene el recuerdo. Un término - cualsea - tomado después de una lectura de Agamben muy en serio por cierto. Y estas noches te empujan a ser parte del respiro de ese aire malicioso que te embarga poco a poco al transgredir sus calles contra la corriente. Escucho una voz que me hace querer abrir los ojos como queriendo escapar del sueño, luchando indomable ante mis secuestradores que no me dejan despertar. Al abrir, un anciano desdentado injuria a toda la humanidad, por ser el rehén sin nombre. Muestra un palo viejo y acomete quijotescamente ante el escarnio y la desidia con palabras mágicas: la conciencia de trabajar por nada sin ser nadie. Después, pide apoyo de sitio en sitio, cuando llega a mi lugar, le pregunto sobre su problema, el responde que era tan importante que lo había olvidado y mirando por la ventana pregunta ¿podría este tren llevarme al paraíso? Ya pensaba contestarle alguna cosa, pero hizo un gesto con la mano acotando: al final no importa, si ni sé quién soy. Miré por la ventana y al girar la cabeza el anciano ya no estaba nunca más supe de él.

La necesidad del recuerdo ante el quehacer cotidiano, el matutino ser sin ser no cuesta absolutamente nada y retorno otra vez al cualsea necesario para los olvidos. Eso me lleva al recuerdo, al bajar del avión y buscar entre la gente a mi hermano, y mirar después de años, las calles de mi ciudad. Una ciudad llena de antojos, secretos y olvidos. Entré a la casa y vi a mi padre sentado en la mesa, me acerqué a él y lo abracé, él volteo y dijo: tú quién eres. Soy tu hija (respondí). El sonrío y movió la cabeza: Tú no eres mi hija, ella está en Nueva York. Otra vez, la cadena de olvidos secuestrados en el tiempo, perdidos en el limbo sin recuerdos. Y mi padre, perdido entre lo olvidos como hierbas insufribles amurallándolo sin escape.
Me viene el deseo de la noche sin recuerdos para sentir algo de paz y dormir plácida ante lo apócrifo. Entro a mi ático y persisto en desear los olvidos de mi padre ante lo inmutable que el devenir le arrebata día a día sin posibilidad de renuncia. Como aquel viejo que luchaba en contra de la humanidad y a los minutos no recordaba ni quién era. Y pienso arrancar presagios donde quede sólo algo de mis evocaciones y no duela más el pensamiento entre palabras llenas de mentira. Que sea sólo este preciso momento, el que llene toda la noche y el desamor se lo lleve el olvido para placer de los condenados. Y como diría José Emilio Pacheco “no me preguntes cómo pasa el tiempo” tomaré mis recuerdos para echarlos por la ventana para que lo artificioso se esfume entre la omisión y el desamor. Así pueda preguntar algún día y ¿tú quién fuiste? Sin recordar ni una sóla mentira cualsea, en el nombre del padre.
(quiero escuchar sólo TK's como tus mensajitos)