La sombra de los dones
Recuerdo la balanza que alzó ante las sombras y tiró el peso en lo inevitable. Que distanció el enigma y rescató la fuerza del espíritu. Oyó un grito dentro suyo y estalló en mil pedazos. Desató el infierno y como fiera luchó para recobrar su alma del dolor, del artificio creado en la incógnita del silencio.
Hasta donde la balanza se refugia entre las sombras, y reclama sus espíritus perdidos. La cobija del canto que ya no clama, el escarnio de los seres que se divierten. Estaba sola, en una camilla de hospital frente a una ventana lluviosa, llena de voces a su alrededor, la balanza se torcía a un lado rigurosamente. Ella pidió verla y callada tomó su piel y salió hacia la calle, subió al tren. Las calles daban vueltas a su alrededor, y llamó por teléfono. Una voz bramó al otro lado del auricular. Caminó un par de cuadras y observó el lugar, la báscula se inclinó al lado opuesto. Y lo comprendió todo.Después de dar vueltas, vio sangre entre sus piernas. Se duchó y se sentó frente a la pared. Al amanecer salió vestida de cenizas entre las piedras, quería tener la seguridad de estar en el lugar donde otros respiran. Bajó al subterráneo, miró el tren. El peso osciló hacia el término, ella por fin pudo volar.
(Recién pongo este video, pero me gusta la música y fue con ella que escribí esta historia)
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